Cómo educar hijos felices

Los especialistas recomiendan educar niños felices, pero, ¿cómo lograrlo?

1.- Establece un ritmo. Despierta a tus hijos con amor, después de un largo y profundo sueño. Procura hilar las actividades del día para que fluyan en una actividad a la próxima de forma ordenada, invitados con entusiasmo y alegría. Cada actividad es tan importante como la transición que lleva a la siguiente. Cuida que cierren cada ciclo, cada actividad. Manejar el ritmo les ayuda a encontrarse, a fluir con alegría y a saber que para todo hay un espacio y un momento.

2.- Da espacio para el juego creativo. El juego libre es sumamente importante – mientras más pequeños, más. Apaga la tele. Ya vendrá el tiempo del iPad y el Xbox. Retárdalo lo más posible, e invítalos a jugar con la caja primero . En serio, cartón, unas tijeras y cinta adhesiva pueden ser una experiencia mágica – castillos, submarinos, cuevas. Ayúdale a que el juego salga de dentro de sí mismo, y que esta práctica se convierta en un eje en su educación.

3.- Está presente. Cuando te buscan los recibes y los escuchas. Los miras a los ojos, te agachas para estar a su altura. Dejas a un lado el libro, la tele o los problemas, para estar en ellos. La mayoría de las veces, con unos minutos es más que suficiente. Esta práctica les envía un mensaje poderosísimo: “Soy valioso, soy merecedor de amor.”

4.- Respeta su autonomía. Este punto es muy importante y fácilmente se pierde de vista. Constantemente los padres tomamos decisiones por nuestros hijos, sin que ellos participen de las mismas. Deja que escojan qué ponerse, aunque parezcan caja fuerte (sólo ellos saben la combinación – de su ropa). Escucha cuando te piden ir a esa clase que… quizás preferirías otra. Pregúntales “¿qué quieres hacer?” cuando enfrentan un reto. OJO: esto no significa que ahora ellos ponen las reglas (“Ay, no quiero la sopa…”). El que adquieran responsabilidades y tomen decisiones es el camino hacia su independencia.

5.- Permite su expresión libre. Si se divierten, ríen. Si les duele, lloran. Si se enojan, gritan (y mientras aprenden a no hacerlo, pegan). Si necesitan algo, te lo dicen. No reprimas sus emociones. Tampoco exijas ese “respeto” falso, enseñándole que está mal dirigirse a los adultos con enojo o haciendo un berrinche. Mejor céntrate en tratar a tu hijo como igual, aunque sea más pequeño. Así sabrá que es libre para expresar lo que siente y necesita. Que tiene los mismos derechos que toda persona, sin importar su edad o su tamaño. Que no hay partes despreciables de sí mismo, porque aprecias y respetas todo cuanto es, en todo momento. “Soy libre para ser.”

6.- Aclara las reglas y define los límites. La libertad del punto anterior se equilibra con este punto. Porque los derechos de una persona terminan donde empiezan los de otra. Ser verdaderamente libre implica comprender y asumir consecuencias. Las reglas y los límites nos permiten a todos ser libres, sin pasar por encima de otros. Establece las reglas y sé firme con las consecuencias. Conforme crezcan comprenderán su valor, y sabrán crear sus propias reglas y ser responsables.

7.- Sé incondicional con tu amor. Si comprendiste el punto anterior, entonces sabes que no necesitas imponer castigos. Los niños retarán los límites, se los saltarán. Harán travesuras, cometerán errores. Es muy importante que reciban este mensaje: “Te amo, no importa lo que hagas, no importa lo que pase.” Habrá consecuencias y tendrán que asumirlas. Date cuenta de que no necesitas controlar a tus hijos. Si eres firme con los límites y las consecuencias, será mucho más fácil amarlos incondicionalmente.

8.- Cultiva tu desarrollo personal. Todos los puntos anteriores se refieren a qué hacer con tus hijos. No te olvides de ti. ¿Quieres que tus hijos sean felices? Sé ejemplo de felicidad, en todas las áreas de tu vida. Libérate de lo “viejo”, lo que ya no te sirve. Aprende a vivir en plenitud. Muchos de los mensajes más importantes que les das a tus hijos son esos que reciben cuando te están viendo, y no te das cuenta. Conviértete en esa persona que quieres que tus hijos sean, que cuando te vean piensen “¡Wow! ¡Quiero ser como mi mamá/papá!”

 

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