Eduardo Sacheri: “La culpa es patrimonio de la buena gente”

CIUDAD DE MEXICO (AP) — En el pueblo de O’Connor de la Provincia de Buenos Aires, un grupo de residentes imagina que sería un buen negocio crear una cooperativa para comprar unos silos. Logran reunir el dinero que les pide el propietario, pero no se imaginan lo frágil que es su sueño ante el Corralito a punto de estallar en Argentina.

Eduardo Sacheri revisa este episodio de la historia reciente de su país en su novela “La noche de la Usina”, ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2016. “Pienso en el 2001 en lo que fue en Argentina, nos arruinó a todos, a los del campo, a los de la ciudad, a los de clase media, a los pobres, salvo te diría a algunos empresarios o banqueros que tuvieron el dato justo el día anterior y se beneficiaron”, dijo a The Associated Press.

“Como mucha gente de clase media, quedó mi dinero metido ahí adentro y aunque se suponía que eran dólares, resultaron que eran pesos y pesos devaluados a la cuarta parte”, recordó sobre los efectos que tuvo esta crisis económica en su vida. “Nuca perdí mi trabajo; era profesor de historia en la universidad y en escuela secundaria. Lo único que tuve que hacer fue sobreexplotarme, trabajando más horas aún. La pasé mucho mejor que otra gente”.

Para Sacheri, la crisis desatada en diciembre de 2001 y por la que la gente no tenía disposición libre de su dinero fue un callejón sin salida.

“En lo que más pienso es en la candidez de mucha gente”, dijo. “A mí me molesta la perversidad de los gobiernos, pero más me fastidia la estupidez de los súbditos … Veía a mi alrededor un montón de gente que se quejaba, pero yo con buena memoria me acordaba de esa misma gente cuatro o cinco años antes hablando maravillas y no haciéndose cargo”

En “Aráoz y la verdad” publicada en 2008, cuya trama transcurre entre 2006 y 2007, Sacheri presentó por primera vez a los habitantes de O’Connor. Desde que terminó esa novela supo que algún día regresaría para contar más historias sobre ellos.

“Me gustó ese pueblo y me gustó esa gente”, señaló. “Cuando iba diseñando o construyendo esos personajes se me ocurrían cosas de su pasado que no cabían, que no entraban en ‘Aráoz y la verdad’, pero que ya iban definiendo el antagonismo con Manzi”.

Fortunato Manzi es el villano de la historia, que roba sin remordimientos el dinero de la gente de O’Connor.

“En Argentina, el sistema está armado para que esta gente no pague nunca o pague poco”, dijo el autor. “Con ese personaje me gustó jugar con su autoindulgencia moral, Manzi nunca siente culpa … Esa pregunta se la contagio a mis personajes: ¿la mala gente se levanta a la mañana, se mira al espejo y dice: ‘soy una mala persona’ o no? Creo que no. Yo creo que los que se preguntan si son mala gente son buenos, porque la culpa es patrimonio de la buena gente”.

En el otro lado de la moneda está Fermín Perlassi, quien de adolescente se fue del pueblo para jugar fútbol y regresó con dinero suficiente para poner su propio negocio, una estación de servicio. Sacheri se adentra en su mente y lo deja entrever como una persona con cierto déficit de atención.

“A mí me gusta la gente imperfecta”, dijo el escritor. “Me gusta la gente que está reconciliada con esa imperfección. A veces me resulta cansado el esfuerzo de alguna gente por ser perfecta; me dan ganas de decirle ‘no te esfuerces, no existe’. A cambio, me gusta la gente que afronta con serenidad su pequeñez y conmueve”.

Otro de los socios de la empresa fallida es Francisco Lorgio, un hijo de españoles que ya tiene un negocio exitoso pero entra para tratar de retener a su hijo en el país.

“Yo soy nieto de inmigrantes y me llegó un poco de esa nostalgia de la que habla Lorgio”, dijo Sacheri. “Recuerdo en el 2001 la tristeza que me daban las filas de jóvenes en el consulado español y en el consulado italiano. Yo pensaba: qué tristeza de país, vinieron por millones soñando y sacrificándose para quedarse y ahora sus nietos se van al mismo lugar del que ellos vinieron. Ese personaje es el único que no necesita (entrar en la cooperativa) por una cuestión económica, pero sí necesita que el hijo no se vaya”.

El libro incluye una advertencia: “Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia”.

“Me pasó con otra novela que alguien se sintiera muy identificado con algún personaje, se enojara mucho y se pusiera muy agresivo”, aclaró el argentino. “Para mí es obvio que es ficción, pero cuando te topas con alguien que piensa que no es ficción, ¡ay!”

Pese a que las trilogías parecen ser lo de ahora, el autor de “Te conozco, Mendizábal” y “La pregunta de sus ojos”, descarta por ahora un tercer libro con los habitantes de O’Connor, ya que al terminar “La noche de la Usina” no tuvo el mismo sentimiento de nostalgia que con “Aráoz y la verdad”

“Temo repetirme o temo encontrar soluciones fáciles”, dijo.

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