Hablemos de el perdón y la poderoso medicina contra el mal que es y significa perdonar. En el perdón del alma y del corazón van implícitas decenas de emociones, sentimientos y virtudes.
Enumeremos algunas, sin embargo, la primera y la principal es la compasión. Nadie que no se sienta compasivo o compasiva podrá ofrecer y entregar por completo el perdón. Si lo acompañamos de la empatía, generosidad y reciprocidad el perdón encontrará el camino más fecundo y podrá completarse.
En una sociedad donde odiar, ser hater, hostigar, juzgar y suponer es mas que una moda, sino parece que un recurso sistemático donde millones de personas encuentran con sigilo un espacio que después luce ensordecedor ese rechazo, animadversión y rencor.
No basta con odiar o rechazar sino llegar el punto de la execración donde es desmedido y pareciera que infinito. Y no, deberíamos darnos cuenta que como sociedad, como jóvenes con miles de millones de documentos informativos donde se habla de empatía, solidaridad, humanidad y respeto lo que prolifera son los haters.
¿Qué y quiénes son los haters?
También hay millones de publicaciones que hablan de quiénes son los haters y porque en la redes sociales han encontrado un eco iracundo donde, incluso, son seguidos por millones de niños y jóvenes para presumir que ellos si saben odiar, que ellos sí: pueden criticar, jugar, herir, ser intolerantes. Y aún así habrán de tener miles de persona que los repliquen e incluso imiten.
La carencia de valores tan básicos pero fundamentales como el amor y empatía son los que hacen lucir invencibles a estos que profanan su rencor e inquina.
Sin afectos reales, el mundo está condenado a estas personas que han tomado relieve y que han permeado en la sociedad y se elevan como influenciadores. Pero hay algo que casi todos tienen en común: la desdicha.
Es —casi— imposible ser feliz siendo un desdichado. Por más avaricia, soberbia y egolatría que tengas será complejo alcanzar la plenitud si en tu interior no se persigue el bien común y la solidaridad. Porque incluso los grandes odiadores de la historia también en algún momento sintieron compasión, los de hoy en día no, se oponen a la empatía y se ufanan de ello.
Hablemos del perdón
Pero entonces hablemos de lo opuesto que redunda y recae en el perdón. Nadie, ninguna sola persona nos hemos librado de pedir perdón y ser perdonados. Nadie es tan oscuro para que toda su personalidad y presencia sea o esté labrada en el odio y el rencor. Por lo contrario.
Cada persona que se asume hater habrá de buscar y querer ganarse el perdón y/o el reconocimiento de la o las personas que admira ya sea su madre, padre, tutor, jefe, hermana, etcétera.
Porque en el perdón va implícito el reconocimiento y la aceptación del error y de la conversión, porque es junto con la compasión el único mecanismo y método para acercarnos más a la plenitud y dejar de la lado la oscuridad que ensordece.
El perdón implica olvidar el yugo o los sufrimientos que nos provocó otra persona quizá con los más bajos recursos y/o formas o triquiñuelas. Perdonar al que nos ensombreció, al que nos humilló.
«Perdón, me equivoqué». No es tan difícil. No, no lo es, lo que si es claro que quien pide y ofrece perdón está condicionado a enmendar ese daño, incluso a repararlo si le fuese posible.
Yo puedo olvidar esos insultos y arrogancias, pero la otra persona tiene que corregir y además mejorar. El perdón también se debe otorgar en completa humildad y humanidad, sin la compasión y empatía seremos otra persona que solo lleva el perdón a su puerto sin otorgarlo y brindarlo a plenitud.
Perdonemos. Podemos pasar años sin hablar con alguien que amamos y nos ha amado por un rencor que luce irreparable pero que si tiene remedio y reparo. Acciones en favor de perdonar.
Brindemos el perdón y seamos capaces de perdonar a quienes nos han juzgado, humillado, vilipendiado, asediado y continuemos con nuestras vidas.
El perdón es reflejo más grande del amor propio y la pulcritud que ambas cosas son tas escasas en este tiempo:
Compasión, misericordia y amor. Vaya usted.
«Transformar el rencor en misericordia y compasión». Papa León XIV.