Debí tirar más fotos, pero, ¿cuántas serían suficientes?

¡Debí tirar más fotos! Sí, pero, ¿cuántas serían suficientes? No hay respuesta porque no existe un número, algo realmente que podamos contar porque no sabemos, no sé, cuántas habrían sido las idóneas o la cantidad ideal.

Lo que es un hecho es que entre más fotos, más vídeos y audios tengamos de las personas que amamos nos harán sentirnos mejor en el presente y también con miras al futuro. Porque tomarnos un momento para admirar y recordar esos pasajes nos harán sentir un remanso de paz, de luz.

Sin embargo, ¿cuántas serán suficientes? ¿Cuántas habrían sido suficientes? No sabemos. No lo sé.

Ni una sola foto o video le hace justicia a la pureza de las almas, a el brillo de sus ojos o al ruidoso sonido de sus carcajadas. No hay un solo sonido que replique la felicidad que me provocaba escuchar sus risas o sus pasos presurosos e incluso sus lágrimas de amor o de felicidad mucho menos los sonidos de la plenitud.

Debí tirar más fotos

Debí tirar más fotos. Debí amarte mucho más. Debí cuidarte si era preciso con mi vida entera.

Debí, debí. Debimos. Todos debiéramos tirar más fotos, más momentos, recuerdos inolvidables que nos acaricien el corazón y nos den paz solo de recordarlos. Y abrazarnos a esas remembranzas que nos harán sentir mejor en cualquier momento al recordarlas.

Hoy que el recuerdo de la muerte de mi nene se atraviesa en todo mi ser y en sí en mi día a día y mi existencia se ve pausada incluso aletargada, sé que debí tirar más fotos juntos: abrazados riéndonos, sonriendo, llorando, gritando goles, rezando por mamá, cantando, gozando viéndote tocar el piano o la guitarra, comiendo y devorando golosinas o postres, viajando, andando en bici, leyéndote cuentos, aplaudiéndote en tus recitales, admirándote siendo el ser tan majestuoso que eres, que fuiste pero sobre todo que para mí y mis ojos en ti encontré al ser humano más perfecto y lleno de amor.

¿Cuántos recuerdos son inolvidables?

Pasan los meses, las semanas y los días y los recuerdos son inolvidables, sin embargo, algo es cierto: hay algunos que se van diluyendo, ¿cómo es eso posible en medio de tanto amor? No sé, no sabemos, me es inexplicable porque quisiera quedarme en esos momentos donde tu sonrisa iluminaba por completo mi vida y la de todas las personas que te amamos.

No comprendo cómo es que hay momentos que me parecen tan lejanos e inalcanzables si apenas han pasado seis meses. ¿Son muchos o pocos 6 meses? Cuento los días en un calendario donde cada vez hay más X, ese tache que teníamos como lazo tú y yo pero que ahora es un día menos a tu lado. Otra cosa de las muchas que me resultan inexplicables.

Los recuerdos que de pronto se amontonan en mi mente, muchos de ellos recorren mi piel porque recuerdo lo que sentía al tener tus manos en mi pecho o en mi cara, siento lúcidos esos momentos donde tus abrazos me sanaron y sanaban de todo, hasta de lo más impredecible o mínimo, pero era en tu regazo y con tus sonrisas que descubrí el real sentido de la paz.

Me duele tener que pensar en que todas esas emociones y sensaciones que solo conocí contigo y a través de tu pureza no volverán.

Dios y sus cosas

De hecho esto no lo leerá mi hermano y me duele, porque si bien pude regalarle ensayos completos de mi amor por él ni todas las palabras más bonitas del mundo le harán justicia al ser tan inmenso y a mi amor tan inconmensurable por mi nene.

«Dios y sus cosas». Decía mi abuela, y tenía razón. Sin embargo eso no significa que no habrá de doler, muchos días con mayor intensidad, otro tanto con inquietud y lleno de dudas y unos más con miedo, un miedo inhóspito que desconocía en mi vida, ni siquiera sabía de su existencia.

El miedo a lo desconocido, a la desolación e incertidumbre, «¿cómo voy a vivir sin ti?» Grité al dejar esa pequeña urna tan fría y vacía frente a un altar que habré de visitar cada vez que quiera recordar que: Debí tirar más fotos, debí amarte y cuidarte mucho más.

A mi hermano Clemente Diego que murió en septiembre de 2025 en la Ciudad de Los Angeles rodeado del amor de su familia y con el amor de Dios en su corazón y la paz en su alma.

Te amo, nene, mil ocho mil. Infinito y sinfín.

Ál.

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