Zacatecanos consumen rata de campo por sus propiedades nutritivas

Por Mary Chávez. Corresponsal

Fresnillo, Zac., 1 Oct (Notimex).- La gente de Zacatecas acostumbra consumir la rata de campo debido a las propiedades nutritivas, “curativas” y afrodisiacas que se le atribuyen, además por el bajo precio y la facilidad con que se comercializa en los mercados locales.

Desde hace más de 500 años, la población de esta entidad consume al roedor de nombre científico Neotoma albigula, el cual prepara de diversas formas, la más común en caldo, pero también en adobo y asada, entre otras.

En varias cantinas de esta ciudad es común que se ofrezca de manera gratuita el caldo de rata de campo a los clientes, con el único requisito de que consuman mínimo una cerveza, cuyo costo es de 20 pesos cada una.

Un ejemplo de ello es el bar “El Gambusino”, en la que consumidores, como Jesús Delgado y Gustavo de la Torre, aseguran se prepara el mejor caldo de rata y que se ofrece todos los domingos y a veces los lunes en el recalentado.

El cocinero y cantinero del lugar, Jaime Castañeda, dice que desde hace unos 15 años en el bar se prepara el caldo de rata de campo (aunque él sólo tiene ocho años).

“Es muy solicitado, porque ‘cura la cruda’, es bueno para la anemia y es afrodisiaco”, afirma, en entrevista con Notimex.

En su preparación, el cocinero utiliza muchas verduras, como coliflor, brócoli, elote, acelgas, chayote y cebolla cambray, así como un recaudo de jitomate, cebolla, chile chipotle y orégano, que le da al caldo un sabor exquisito y que “levanta muertos”.

De igual manera la preparan en el bar “El Cuerno de Oro”, informa el cocinero Rafael Mercado, quien dice que la variedad de verduras es elemental, aunque se niega a dar la receta porque, dice, que “es secreta”. Aquí lo ofrecen todos los lunes.

El consumo es tan popular que la rata de campo se vende desollada en los mercados de la capital, Guadalupe, Fresnillo y Río Grande, afirmó el investigador de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), Manuel de Jesús Macías Patiño.

En un recorrido por el mercado El Laberinto, en la ciudad de Zacatecas, localizamos a Pedro Vázquez, quien desde hace tres años vende la rata de campo. Pero su papá, Filiberto Vázquez, la comercializó aquí durante unos 60 años, hasta que murió de un paro cardiaco mientras atendía su negocio.

Instalado en una pequeña mesa improvisada, Pedro dice que viene a la capital desde la comunidad El Rucio, en el municipio de Villa de Cos, tres o cuatro veces a la semana para vender a veces hasta 90 ratitas, a un precio de 30 pesos cada una.

Viaja más de dos horas y media en camión y paga un pasaje redondo de 200 pesos para llegar al mercado El Laberinto, pero sí le costea, porque es el medio de subsistencia económica para su familia; “si no, no viniéramos hasta acá”, asegura.

Lo mismo hace su primo Noé Vázquez, quien desde hace mes y medio vende las ratas en ese mercado, porque necesita el dinero, comenta en entrevista, mientras expone unos 10 ejemplares en una mesita y desolla uno más, para que sus clientes constaten que es de campo.

Para quienes causa asco el consumo de rata, Noé explica que existe diferencia entre la de campo y la de alcantarilla. La primera es limpia (como un conejo), porque consume puras semillas, está en el campo y tiene pelaje blanco en su pecho. La segunda es sucia y es toda gris.

Doña María Teresa León González padece cáncer de colon e hígado y compra la rata de campo por recomendación de su doctora. “Cuando la como me siento mejor, con más ganas de hacer cosas”, dice mientras compra dos ejemplares y paga 60 pesos por ella.

Andrés Ramos también asegura que la rata de campo tiene muchas vitaminas y en su casa se la preparan en caldo para comerla y sentirse bien. Desde hace 15 años la consume porque sabe que es buena para atender la anemia, señala.

Sin embargo, la cacería de rata de campo tiene preocupado al experto en temas ambientales y ex subdelegado de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Manuel de Jesús Macías, por el daño ecológico que causa al ecosistema “la costumbre” de su consumo.

Afirma que se lleva a cabo una cacería indiscriminada del roedor, que podría ponerla en estatus de extinción, puesto que la gente en condición de pobreza lo mata para obtener dinero.

En un fin de semana, en Fresnillo se venden entre 600 y 700 ejemplares; en Zacatecas, de 200 a 250, y en Guadalupe, entre 350 a 400.

Asimismo, reconoce que los cazadores no aplican métodos de protección ecológica y dañan gravemente el suelo y la flora de las zonas donde habitan, sin que ninguna autoridad regule la actividad ni garantice la sustentabilidad, por lo que exhorta a tomar medidas inmediatas para proteger la rata de campo y su entorno.

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