Vientos atípicos, tráfico y tala clandestina amenazan bosques de Milpa

Por Raúl Adorno Jiménez

México, 25 Sep (Notimex).- Lo que antes había sido un bosque espeso, casi impenetrable, hoy luce extensas zonas desforestadas, producto de la fuerza de la naturaleza que el pasado mes de marzo cobró factura al derribar más 12 mil árboles, por vientos atípicos que se registraron en los bosques de Milpa Alta.

Fuertes rachas de viento ocasionaron pérdidas de arbolado en diferentes parajes del bosque de la Comunidad de San Salvador Cuauhtenco, situación que se está agravando al sumarse el tráfico ilegal de maderas y la tala clandestina.

Árboles arrancados de raíz o “descopetados” son parte del paisaje dantesco que puede observarse en esta parte de la Sierra Chichinautzin, “como si se hubiera dado una batalla entre titanes”, dice un comunero, o “como si un gigante hubiera jugado con palos chinos y dejó pilas de árboles unos sobre otros”.

Los vientos afectaron principalmente a los parajes de Chingueretería, La Comalera, El pedregal, Pitzoticuitlayo, San Bartolito, San Bartolo, Cuetzco, Ocozacayo, La Barda, Tulmeac, Pila, Miminasto, Garduño, El Encino, Micapa y Puente.

Se trata de los lugares más impactados y con un mayor número de árboles derribados, que de acuerdo con un censo levantado por técnicos certificados, representa un volumen de más de 31 mil metros cúbicos de madera.

Edilberto Ramírez, representante de bienes comunales de San Salvador Cuauhtenco, declaró a Notimex que es urgente realizar las tareas de limpieza de los miles de árboles caídos porque representa un combustible potencial para incendios en tiempos de sequía y provoca plagas que pueden afectar a los árboles sanos.

Además, indicó, se trata de árboles muy viejos, algunos acumulaban cientos de años, con alturas que iban de los 10 a los 12 metros, que al caer, lo hicieron encima de árboles jóvenes de poca altura, que también morirán si no se hace la limpieza.

La comunidad de San Salvador se ha organizado para sembrar seis mil plantas de árboles y para tratar de limpiar el bosque de la madera caída, pero se tiene que hacer casi de manera clandestina, porque al tratarse de un Área Nacional Protegida, no se puede mover la madera sin los permisos y la supervisión de las autoridades.

Pero también hay tensión en la zona, porque miembros de la Comunidad vecina de San Pablo Oztotepec se están robando la madera de los parajes San Bartolito, San Bartolo y Pitzoticuitlayo, entre otros.

“No sólo se están robando la madera que tiró el aire, sino que se están llevando árboles vivos o verdes, acción que realizan para hacer negocios, pero como muchos árboles derribados son chuecos o chipotudos, esos no los levantan, quedando un tiradero bárbaro”, denunció Edilberto Ramírez.

Sostiene que de todo esto se han presentado las denuncias a las autoridades involucradas en el cuidado del bosque, pero no han hallado respuesta; incluso detuvieron una camioneta con vigas de árbol verde recién cortadas.

Fernando Arena Ramírez, miembro de la comisión de organización, comentó que quisieran aprovechar su bosque; sin embargo, en la Ciudad de México no se permite la explotación forestal, “pero se le va de las manos que existe madera siniestrada, y es un crimen tanto dejarla en el bosque, como no dejar a los comuneros que la aprovechen”, indicó.

Detalló que las autoridades les pidieron tres proyectos, el primero para evaluar cuánta madera siniestrada existía; el segundo, para establecer cómo se va a levantar la madera, y el tercero apoyar en la reforestación de la zona.

Mencionó que el costo fue de 45 mil pesos que pagó la comunidad, pero condicionan su operación, sólo si se comparte la madera con el pueblo vecino de San Pablo Oztotepec.

El problema es que en 2010, cuando se presentó un problema similar, se permitió la recolección de árboles a los vecinos, y ahora ya dicen que estas tierras les pertenecen y pueden hacer lo que quieran.

A partir de esta situación se ha generado un clima de tensión que podría derivar en violencia, si las autoridades continúan omisas. De hecho ya ha habido conatos de enfrentamiento, incluso han salido a relucir armas de fuego, aunque afortunadamente todavía no ha habido decesos.

En cuanto al conflicto agrario, Alejandro García, comunero del lugar, explicó que este problema entre San Salvador Cuauhtenco y San Pablo Oztotepec lleva más de 400 años, derivado de pertenecer a diferentes etnias porque ellos, los de San Salvador, se consideran xochimilcas.

También podría gustarte