Temer gobernará un Brasil en crisis y sin apoyo popular

Por Heriberto Araújo. Corresponsal.

Río de Janeiro, 31 Ago (Notimex).- En el poder de forma interina desde el 12 de mayo, Michel Temer, será presidente hasta 2018 de Brasil, un país al que deberá sacar de la crisis con reformas impopulares cuya aprobación tendrá el reto añadido de su baja popularidad y de las acusaciones de corrupción a varios de sus ministros y su partido.

De origen libanés, discurso moderado y figura menuda, el vicepresidente de Dilma Rousseff desde 2011 es un discreto abogado constitucionalista con dilatada experiencia política que llega a la presidencia de la mayor economía de América Latina sin el aval de las urnas y con críticas a sus primeros 100 días de gestión.

Su Ejecutivo, donde no hay ni una sola mujer o negros –en un país que eligió en 2014 a Dilma Rousseff presidenta y tiene más de la mitad de población afrodescendiente-, fue motivo de crítica no solo por la falta de diversidad, sino también por la presencia de ministros sospechosos de estar involucrados en la trama destapada por la Operación Lava Jato.

Con vía libre ahora para gobernar hasta los comicios presidenciales de 2018, a los que asegura que no se presentará como candidato, Temer prepara una extensa agenda inminente de viajes internacionales para reforzar su legitimidad, al tiempo que a nivel doméstico presentará una agenda de contención del gasto.

Se espera que en septiembre proponga privatizaciones de sectores como los hidrocarburos o las infraestructuras para aligerar el déficit público, mientras propondrá una reforma del sistema de pensiones que amenaza con provocar protestas en las calles.

Nacido en Tiête, en Sao Paulo, en 1940, Temer fue profesor de derecho y funcionario de escalón medio antes de completar seis mandatos como diputado federal y tres como presidente de la Cámara Baja, además de cinco años y cinco meses como vicepresidente del país.

Padre de cinco hijos nacidos fruto de tres relaciones, Temer es un declarado devoto religioso cercano a sectores evangélicos y dice ser el hombre que el país necesita para revertir una recesión que entre 2015 y 2016 debe provocar una caída del Producto Interno Bruto (PIB) cercana al 7.0 por ciento.

Acusado de “conspirador” y “traidor” por la presidente Rousseff, no le será fácil gobernar hasta 2018, ante la oposición férrea que propondrá el ahora depuesto Partido de los Trabajadores (PT), así como por la escasez de apoyo social, ya que la popularidad de su Gobierno su supera el 20 por ciento.

En un país con un Parlamento fraccionado y cuya clase política tiene la credibilidad erosionada por los escándalos de corrupción, Temer estará en adelante bajo la lupa no solo del Legislativo, sino de la población brasileña, que ya presionó en las calles a Rousseff con seis manifestaciones multitudinarias desde la reelección de 2014.

Su formación, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que él lideró hasta las vísperas de la votación del “impeachment” en la Cámara Baja en abril, ha sido un aliado al PT y se ha visto involucrado en la trama Petrobras.

Aunque Temer no ha sido acusado formalmente, varios empresarios y senadores interrogados por la policía en la Operación Lava Jato le sitúan como uno de los beneficiarios de la trama vinculada a la estatal petrolera.

A nivel personal destaca su pasión por la poesía (tiene un libro de poemas) y su relación matrimonial con la aspirante a modelo Marcela Tedeschi, casi 43 años más joven que él y con quien se casó cuando ella apenas tenía 20 años.

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