Técnicas ancestrales de pintura embellecen alebrijes oaxaqueños

Por Ashlei Espinoza Rodríguez. Enviada

San Martín Tilcajete, Oax., 4 Sep (Notimex).- La magia de las técnicas pictóricas zapotecas está apunto de resurgir. Sobre las manos del artesano Jacobo Ángeles, el dulce jugo de la granada y la suavidad de la cal se mezclan para crear el color verde turquesa que vestirá a la artesanía emblemática de San Martín Tilcajete, el alebrije.

Consideradas criaturas fantásticas, los alebrijes que elabora Jacobo traen plasmados sobre su afanoso cuerpo de copal los colores obtenidos con técnicas prehispánicas de pintura que fueron utilizados para crear los murales que decoran las paredes de las ciudades de Monte Albán y Mitla.

“Si vas a estos sitios arqueológicos puedes encontrar los tres colores que utilizaban los zapotecas para crear los códigos antiguos, aunque cuando llegan los españoles a la región del Valle de Ocotlán, estos pigmentos fueron enriquecidos”, explicó el artista en entrevista para Notimex.

De un pedazo de madera del árbol de copal, va a nacer una criatura apócrifa y colorida que pareciera sacada de una pesadilla infantil, pero que en realidad tiene su inspiración en el calendario zapoteca.

Asimilados por esta comunidad indígena como animales protectores que definen la personalidad de un individuo dependiendo del año y el día en que nace, los 20 “tonas” del calendario, van a caracterizar las creaciones de este artesano que lleva más de 35 años en el oficio.

“Mi obra se define por su iconografía, por su calidad de pintura, por su técnica de colores naturales y porque las esculturas están realizadas en una sola pieza de madera”, señaló.

Los “tonas” como el águila, la serpiente, el jaguar, el búho y las quimeras que resulten de la mezcla de dos de estas especies, que según Jacobo poseen cualidades de poder y sabiduría, serán ataviados en tonos verde turquesa, amarillo y negro.

Estos colores, explica el artista, son obtenidos con elementos tan sencillos que es difícil creerlo: frutas, plantas, cal, incienso, blanco de zinc, cochinilla y bicarbonato de sodio.

Orgulloso de su herencia zapoteca, Jacobo se coloca en el piso sobre una de sus rodillas mientras sostiene un pedazo de copal. Con la sabiduría reflejada en su rostro, comienza a explicar a las personas que se han dado cita en su taller “Jacobo y María ángeles”, las técnicas de la creación de colores que le fue enseñada por sus padres.

Sobre la palma de su mano derecha, comienza colocando el polvo obtenido de la cáscara de copal, le agrega una gotitas de limón y utilizando su dedo como espátula, comienza a mezclar los ingredientes.

“La cáscara del copal macho, que es de color rojo, si nosotros la ponemos al sol y la tostamos, al molerla obtenemos un polvo el cual al agregarle un poquito de limón obtenemos diferentes colores por ejemplo el color amarillo”, mencionó.

A esta misma composición, le va agregando la misma cantidad de resina de copal y miel y con sólo un pisca de cal, el color amarillo ahora se ha tornado negro ante la mirada atónita de los presentes.

Con los ojos sorprendidos, el público aún no termina de asimilar lo que acaba de presenciar cuando Jacobo agrega a la misma mezcla, un poco de bicarbonato de sodio ¿el resultado? El color morado.

“Estos colores fueron utilizados anteriormente para escribir en zapoteco; el amarillo representa leyenda, el negro lugar o ubicación y el morado o marrón significa poder, y además estos son los pigmentos de nuestra comunidad”, apuntó.

Explicó que cuando era pequeño, le gustaba observar a sus padres cuando creaban estos colores y un día que se encontraba en el taller, su madre le reveló el secreto de la granada, una fruta que con su jugo, color y cascara, es uno de los elementos fundamentales para crear la paleta base de colores.

“Si nosotros le ponemos a la granada un poco de cal y la molemos nos da un verde esmeralda. Para hacer los grises a la granada le agregamos un poquito de blanco de zinc y tenemos el gris claro; y si quieres un gris aún más claro, le tienes que agregar a la mezcla un poco más de limón, la mezclamos y hacemos otro gris”, mencionó.

A la tierna y suave cascara de esta fruta, Jacobo le esparce la cal, y con su dedo que ha convertido en su pincel, plasma sobre el pedazo de madera el resultado de esta combinación, el color amarillo “y si le ponemos tantito anís y lo revolvemos nos da otro tipo de color verde y con la misma cascarita le vuelvo a poner y le agrego miel y tenemos otro color”.

“Si tú vas a Mitla o Monte Albán y ves estos colores, ahora ya sabes cuál es la técnica que utilizaron”, exclama con una sonrisa triunfadora.

La jarilla planta que según la página web de la Comisión nacional para el conocimiento y uso de la biodiversidad (Conabio) se da en las partes altas de México y tiene la virtud de poder convertir a paisajes enteros en jardines, fue utilizada igualmente por los zapotecas para la creación de pigmentos.

En este sentido, explicó que estos ingredientes que utiliza provienen de diversos municipios oaxaqueños, donde la cal de la tortilla viene de San Antonio de la Cal y la jarilla viene de Santiago Jamiltepec.

Asimismo la cochinilla, hongo que crece en la penca del nopal será utilizado por el artesano para crear el color rojo, el naranja, el rosa y variaciones de púrpura. Por su parte “el blanco de zinc juega un papel importantísimo porque lo podemos mezclar y darle luz a muchos colores”.

Y aunque Jacobo sigue utilizando estas técnicas para decorar sus famosos alebrijes, también se vale de métodos como el óleo, el acrílico y la técnica colonial del uso de hojas de oro y plata.

“También trabajamos oleos que son más caros y especiales y la técnica en hoja de oro que consiste en comprar las laminillas d oro e ir pegándolas en la pieza”, señaló.

Resaltó que la clave para que tanto los pigmentos naturales como los industriales se conserven durante mucho tiempo se basa en que “los dos son consistentes pero hay que protegerlos con 18 capas de barniz porque los dos son débiles para el sol y tenemos que proteger nuestros colores para que perduren”.

Antes de que estos pigmentos vistan a las desnudas figuras hechas de copal, árbol que tiene un importante papel en las ceremonias zapotecas, estas piezas han pasado por un proceso de tallado con machete y cuchillo que puede llevar a un escultor entre dos a cuatro semanas dependiendo del tamaño de la pieza.

“Los colores son fantásticos porque esa gama de colores es lo que ha distinguido al alebrije. El color no tiene que ser especial es libre de cada artesano elegir si quiere colores cálidos o cromos, o si quiere unos colores ardientes y brillantes “, afirmó.

Para Jacobo los colores cálidos como el amarillo, el rojo y el naranja se han convertido en los preferidos para decorar sus piezas “me gustan mucho estas tonalidades porque no sé me encanta la tierra jugar con ella y mi amarillo me distingue mucho”.

Con calma y pulso, una de las artesanas del taller pinta y coloca los esplendidos detalles en lo que será una escultura donde el águila y la serpiente se encontrarán cara a cara demostrando su poderío y la cual simbolizará los dos “tonas” unidos, las dos personalidades que puede albergar una persona.

“Cuando tu vez un alebrije y de repente ves en su detalle un triangulito, significa montaña difícil, si es una onda es camino difícil o también un laberinto es nacer, reproducirse y morir; el puntillaje es una cuenca o símbolo de continuidad. Entonces todo tiene un significado depende de lo que tú estás trasmitiendo”, aseveró.

La palabra alebrije que pudiera significar “aléjate brujo”, mencionó Jacobo, fue concebida en los años 30 por Pedro Linares, un artesano de la Ciudad de México que en los delirios que le provocaba su enfermedad, observaba a quimeras como burros con alas de mariposa y leones con cabeza de águila y los plasmó en figuras de cartonería.

Para concluir un alebrije, un artesano puede llevarse de dos meses hasta cuatro años, de ahí que el valor monetario de estas obras de arte, tenga un costo elevado que va de trecientos pesos hasta 200 mil pesos.

No obstante, al adquirir esta bella artesanía mexicana, la persona está recibiendo la energía que las manos, la mente y el corazón de Jacobo y sus artesanos se han cargado de plasmar en el tallado y acabado de estas figuras fantásticas que demuestran que una pesadilla puede ser más que maravillosa.

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