Su discapacidad no le impide ser padre de una niña con parálisis

Acapulco, 20 Jun (Notimex).- Nativo de Aguascalientes, Juan Herrera Luevano es padre y madre a la vez. A sus 48 años de edad, es viudo y tiene poliomielitis pero está orgulloso de su pequeña Ana María Herrera Castillo quien, a pesar de su parálisis cerebral, participó en las paralimpiadas que se realizaron en este puerto.

Para don Juan, el mejor regalo del día del padre es el traer a su hija a participar en las paralimpiadas, que por primera vez lo hace a nivel nacional y venir a Acapulco porque sólo lo conocía por televisión.

Con la tragedia encima, que ha sufrido por tener una discapacidad y que le ha costado conseguir un buen trabajo, no se raja y ha sacado adelante a sus otros cuatro hijos, quienes ya hacen su vida aparte y lo han olvidado.

Acompañado de su hija Ana María, don Juan viajó más de 16 horas para llegar al puerto de Acapulco, para que participara en las actividades deportivas de las Paralimpiadas en la especialidad de boccia, un deporte griego rescatado para personas que usan sillas de rueda.

Ella es, además, la luz de un faro de vida que lo rescata de sumirse en la depresión cuando la tristeza llueve en sus recuerdos y con lágrimas en los ojos dice que hace un año, el 16 de Mayo, falleció su esposa Yolanda Castillo, de 33 años, por insuficiencia renal.

“Mi hija es de mucha fortaleza, porque a veces yo me siento triste y ella es la que me levanta el animo y me dice `mira papi ahora que se nos fue la mamita pues no siempre vamos a vivir con el recuerdo y vamos a caminar y ayudarnos y a demostrarle que también podemos salir adelante´”, señaló.

Relata que a veces se sorprende cuando su hija le dice esas palabras de aliento y él se hace el fuerte, “en vez de que yo le diga vamos, ella me levanta, ella es mi bordoncito”.

Don Juan, como lo conocen, es vigilante del ayuntamiento de Rincón de Romos, Aguascalientes. Apenas gana mil 400 pesos quincenales que hace rendir para ambos pues viven solos desde hace un año cuando su esposa Yolanda murió.

Tiene otros cuatro hijos Ricardo de 17 años, Jorge Fernando de 19 años, Alma Cecilia de 23 años y Fátima del Rosario de 19 años, a quienes crió, alimentó y como pudo les dio estudios que sólo quisieron la secundaria, de ahí se hicieron independientes, se casaron y tres ya lo olvidaron, según dice.

Su historia es de dolor y milagro. Ana María nació a los seis meses con dos semanas; los doctores decían que ya había fallecido en el estómago de su madre, pero con esfuerzo vino al mundo por la vía cesárea y pesó un kilo 100 gramos y pasó la cuarentena en la incubadora de dónde salió pesando 700 gramos más.

“No sé cómo le hice, pero primero veía a mi esposa y luego a la bebé. Los alimentos que tuvo mi hija fueron muy caros de hasta mil 800 pesos. Dios y la gente bendita nos ha ayudado mucho. Con esfuerzo y todo, pero aquí está ese bebé”, dice mostrando orgulloso a su hija que escucha la entrevista sentada en su silla de ruedas.

Su bebé que ahora tiene 14 años, acaba de participar con otro niño del Estado de México en la practica de Boccia, perdió pero ni don Juan ni Ana María se desaniman y le brinda todo el apoyo.

“Nos patalearon pero aquí estamos. Pero como le dije a mi bonita, venimos a divertirnos, a gozar. No la presiono porque en lugar de que le ayude, voy hacer que se esfuerce más de lo que no es”, dijo.

La pequeña Ana María en la disciplina de Boccia a nivel regional y estatal en Aguascalientes ha sacado siempre el primer lugar y tercer lugar y ha competido con jugadores de Veracruz y otros estados.

El participar en las paralimpiadas, que estuvieron durante dos semanas en Acapulco, es la primera vez y fue un logró para don Juan que su hija fuera seleccionada, “me siento orgulloso y forma parte sus éxitos de bebé”.

“Ella es muy fuerte, me dice vamos hacer esto papá y vamos hacer lo otro y ahí vamos y la llevamos ella determina lo que quiere hacer”.

Don Juan cuenta con el apoyo de su hermana María del Carmen, quien le ayuda con los cuidados personales de su hija. Por ser una joven, le apena verla en la intimidad.

Todos los días va por ella a las seis de la mañana para llevarla a la escuela, lleva su lunch a las 10:30 y a las 12:30 regresa a casa donde hacen aseo, su comida, duerme un rato y a las diez y media de la noche la retorna con su consanguínea. Es la rutina de todos los días.

“Entro a trabajar a las ocho de la noche y salgo a las seis de la mañana. Hago tres rondas y eso me provoca que ande desvelado. Pero no me rajo ni me achicopalo pues mi bebé pasará a sexto de primaria, es buena estudiante pues lleva ocho de calificación”.

Todos los martes y viernes, luego de que la invitaron a jugar las entrenadoras de Boccia y observaron que si tenia las facultades para hacerlo, la lleva practicar a Aguascalientes que de la comunidad de Rincón de Romo son 45 minutos de camino.

Ana María relata que a pesar de que no ganó al participar en la paralimpiada con la actividad de Boccia no se desanima.

Ella manda un mensaje y le dice a todas aquellas personas que se animen hacer lo que su corazón les dice y que le echen ganas.

Don Juan dice que él ha sufrido mucho con su enfermedad de la poliomielitis, pues la gente en su pueblo en Rincón de Romos lo ven a él y a su hija como “un bicho raro”.

Pero, además, ha sufrido discriminación y por su discapacidad no ha sido fácil encontrar empleo.

“Cuando ven a una persona discapacitada lo discriminan. En un empleo lo ven de arriba abajo y ya no lo emplean y le dicen que venga de aquí a seis a siete meses o de plano te dicen que no”.

Pero siempre se encomienda a Dios y cuando nació Ana María, tuvo la suerte de que en el Ayuntamiento lo empleara como velador desde hace 14 años.

“Me tocó una suerte muy grande cuando mi hija nació y el premio mayor porque cuando su hija estuvo enfermita y Diosito me ayudo. Me la dio a ella y me dio la suerte porque a raíz de que ella nació me dieron el trabajo”, señala.

Dice que le ha costado ser padre, no económicamente, sino de fuerza y corazón porque es muy difícil ser padre y madre a la vez.

De grande Ana María, quiere ser doctora general, le gusta ayudar a la gente. Tiene amigos y sonríe cuando le preguntan si también novio, a lo que rápidamente responde que no.

Don Juan dice que cuando él estudio la preparatoria, debido a su enfermedad también fue objeto de burla de sus mismos compañeros, a pesar de las campañas de concientización e inclusion social, la sociedad sigue discriminando a las personas con una discapacidad y les niegan la oportunidad de un empleo.

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