Salvar vidas, único anhelo de Juana, la primera mujer topo

Por Beatriz Cuevas González

México, 17 Sep (Notimex).- A casi 30 años del terremoto que sacudió la capital del país, Juana Huitrón -primera “mujer topo”- todavía piensa en salvar vidas, a pesar del avanzado estado de una enfermedad que la tiene al borde de la muerte.

“Quizá sea la última entrevista que dé”, dice con los ojos anegados de lágrimas quien hace tres décadas y a lo largo de estos años, se ha distinguido por rescatar esperanzas, “una vida que logremos salvar es como salvar el mundo”.

En la planta baja de su casa, cerca de un tanque de oxígeno, sentada en un sillón y vestida con pantalón de mezclilla y una playera de color azul fuerte que identifica a su grupo de rescate internacional 19 de septiembre Topos, Juanita sonríe, mira a lo lejos, parpadea y comienza a recordar:

“El 19 de septiembre de 1985, a las 7:19 horas, cuando empezó a temblar la tierra, justo en ese momento, vivíamos frente al edificio Nuevo León –en la Unidad Habitacional Tlatelolco-, vimos colapsarse un edificio por el cual circulábamos diariamente, era el paso de mis hijos para su escuela, tenía yo a mis amistades que vivían en ese edificio, puede imaginarse lo terrible que fueron esos momentos”.

“Era ver la vida de tanta gente, de tantos niños, confundir sus suetercitos con la esperanza de rescatar esas vidas; no éramos rescatistas ni teníamos idea de cómo salvar una vida, pero en ese instante cualquier persona de las que estábamos presentes, transformamos nuestra vida, transformamos nuestras manos”, para salvar vidas, dice con la voz entrecortada.

Juana, de 71 años de edad, cuatro hijos, tres nietos y un bisnieto, se detiene un segundo, respira y continúa:

“Era espectacular ver como trabajamos en silencio –había mucha gente- pero con una certeza de que íbamos a rescatar muchas vidas, eso fue en los primeros momentos y logramos sacar, vimos esas criaturitas que sacamos del edificio Nuevo León, era volver a ver que nacía la vida y eso era tan grande para todos nosotros, los que vivíamos con la esperanza”.

Uno, dos, tres parpadeos y algunas lágrimas que sucumben al recuerdo y escurren lentamente por sus mejillas, acompañan las palabras de la rescatista que trabaja en la elaboración de un manual sobre cómo manejar emergencias, que espera, confía, dar a conocer en el mes de septiembre.

“Escuchábamos llantos, escuchábamos vocecitas, las voces de los padres buscando a sus hijos, eso nos hacía sentir que éramos alguien, que Dios, en ese momento, había dispuesto para salvarles la vida; ese fue nuestro caminar ese 19 de septiembre (….) muchos jóvenes y muchos niños llegaban con su palita y cubetita y decían quiero ayudar”.

“Eso no lo olvido nunca y eso es lo que me hace, aún a 30 años, ya sin las fuerzas suficientes, ya con limitaciones, pero no con las ganas de seguir aprendiendo, de seguir trabajando por alguien como son los niños”, remarca con la voz entrecortada.

De entre el sin fin de recuerdos que la acompañan sobre aquel fatídico día, Juana, quien ha rascado la tierra en al menos tres continentes, desempolva un momento que para ella fue de gran valía para convertirse en la primera mujer topo de México.

Y la oportunidad de ayudar se la dio cantante internacional, Plácido Domingo, a quien venía cuando atravesaba la calle donde se encontraba su casa, del otro lado de Paseo de la Reforma, y él estaba en el edificio Nuevo León.

El día del sismo “el señor Plácido estaba ahí, me di cuenta de todos los medios de comunicación que llegaban hacia él, y empezó a llegar mucha ayuda, de todo (…) fui a ver otros lugares, donde se hicieron albergues y la gente llegaba llorando, querían medicina (…) regresé con el señor y le dije que me daba tristeza ver que había destrucción por todas partes.

“Le dije que teníamos gente atrapada y no teníamos con que ayudar a la gente, el me dijo: señora anóteme en un papel todo lo que usted necesite, porque hoy va a llegar el señor Zabludovsky, a las 9 de la noche, y la quiero aquí con esa lista para dársela a Jacobo y vamos a pedir lo que más se necesite”, evoca.

“No había tiempo para descansar, llegaba gente de los pueblitos a ayudar (…) sabía que por las noches iba a llegar un sacerdote solito, llegaba con un bote de tamales y un costalito de bolillos para darnos a los voluntarios”, quienes la obedecían.

La búsqueda de sobrevivientes era sin parar; Juanita y su grupo buscó y buscó entre los escombros; todos se arrastraron por meses hasta encontrar personas con vida o cadáveres que también había que sacar.

Los años pasaron y con ellos la labor la rescatista de Juanita que nunca se detuvo, ahora padece enfisema pulmonar, lo que la entristece, porque la limita para seguir salvando vidas.

A muchos enseñó a salvar su vida y a salvar vidas; la suya se consume sin tregua.

“Hace algunos meses decía, mi tiempo se acabó y me causaba muchas lágrimas pensar que ya no tengo el aire suficiente, la vista, todo se terminó con mi trabajo, aunque no se ha terminado del todo, porque aún fluyen tantas cosas en mí, en mi mente, que vivo, puedo ocupar todavía muchas facultades que Dios nos ha dado, como es la de escribir”.

En eso, en escribir, Juana dedica su tiempo, para que las generaciones sepan que hacer antes, durante y después de cualquier siniestro, no sólo de un terremoto.

“Tenemos tantos fenómenos naturales, fisicoquímicos, geológicos, socio organizativos, tenemos mucho que aprender y mucho que dar”, dice.

Entrada en el tema que le apasiona, olvida la enfermedad que la tiene postrada, y con vigor detalla los conocimientos básicos que los rescatistas deben tener para que la vida “no se escape entre los escombros”, y da consejos a la sociedad para enfrentar siniestros.

En 1986 el presidente Miguel de la Madrid le entregó a Juana un reconocimiento por el trabajo de rescate realizado un año atrás y en el 2013 el jefe delegacional en Cuauhtémoc, Alejandro Fernández, le otorgó otro por participar en el rescate de personas durante los terremotos de 1985.

Su grupo de rescate internacional 19 de septiembre Topos, ahora encabezado por su hijo David, ha hecho tareas de este tipo en al menos tres continentes.

Juana estuvo presente en la mayor parte de los países donde se ha requerido su apoyo, como Estados Unidos cuando se derrumbaron las Torres Gemelas tras un atentado terrorista el 11 de septiembre de 2001.

Así, la primera mujer topo todavía piensa en salvar vidas, a pesar del avanzado estado de una enfermedad que la tiene al borde de la muerte.