Roberto Ayala seguirá en el teatro y el baile a pesar de adversidades

* El coreógrafo de 60 años con varias operaciones debido a un accidente automovilístico, es uno de los más reconocidos en su ámbito

México, 23 Jul (Notimex).- Se debe de tener pasión para no dejar ir los sueños pese a las adversidades, mucho más cuando el instrumento de trabajo es el cuerpo y éste ha sufrido diversas operaciones, es ahí cuando uno tiene su verdadera prueba, señala el bailarín y coreógrafo Roberto Ayala.

Uno de los más reconocidos en el ámbito coreográfico, Ayala ha trabajado con productores como Julio Gallo, Gerardo Quiroz, Humberto Zurita, Marcial Dávila, entre otros, además ha tenido la dirección de danza de al menos 28 obras teatrales, entre las que destacan “Yo y mi chica”, “Calle 42”, “Vaselina”, “El fantasma de la ópera”, “La bella y la bestia”, “Cabaret”, “La tiendita de los horrores”, “Cats”, “Shrek” y “La era del rock”.

Aunque todo comenzó con el sueño infantil de aparecer sobre el escenario bailando y tener el aplauso del público, Roberto Ayala comenzó a bailar desde los siete años, sus primeros pasos los dio en la Academia de Bety Lafontaine, quien había improvisado en la sala de su casa un pequeño teatro y un salón de baile, esto después de ver en Nueva York algunas obras como “Funny Girl” y “Hello Dolly”.

Su vida se había enfocado al baile, cuando tenía posibilidades buscaba la forma de continuar con clases de muchos tipos de danza, pero su pasión siempre fue el tap.

“Yo bailaba folclórico con zapatos de tap, llegó un momento en que bailaba folclórico, ballet, tap, jazz, contemporáneo. Cuando llegaba la época de los festivales, a la maestra yo le decía: ‘mi mamá dice que sí, que está de acuerdo en comprar todos los vestuarios y que baile todo’, y luego iba con mi mamá y le decía: ‘ay mamá fíjate que la maestra quiere que salga en el baile de cuarto, pero también en el de sexto porque no tiene niños para hacerlo’, entonces yo salía en todos los bailes y en todas las actividades“, recordó el bailarín.

Como siempre quería seguir aprendiendo, desde muy joven ideó la manera en poder obtener su cometido, seguir bailando, así que desde pequeño explotó sus dotes comerciales para vender hasta sus juguetes para poder seguir tomando clases de danza.

Desde que tenía trece años sus padres decidieron apoyarlo en su preparación y pagarle constantemente viajes a Nueva York, en donde tomaba clases.

“Mis papás estaban muy contentos de que lo hiciera, pero cuando vieron que era en serio me dijeron y de ¿qué vas a vivir cuando seas grande?, el baile no es una carrera que sea decente o seria, lo que todos los papás dicen y ven por el bienestar de uno. Siempre le preocuparon dos cosas, ‘¿qué vas a hacer si te rompes un pie? y ¿qué vas a hacer cuando seas viejo?

“Lo que ellos nunca se imaginaron es que me iba a romper todo en la vida, y tengo 60 años y sigo bailando”, expresó orgulloso.

Sin embargo, prefirió hacer caso a sus padres y estudiar una carrera, por lo que comenzó a estudiar contabilidad y administración en el Instituto Politécnico Nacional, pero sin dejar de lado la danza y el teatro.

“Yo siempre me estaba actualizando, tomé clases con José Luis Ibáñez de actuación, Guillermo Gutiérrez de canto, viajaba a Estados Unidos cada cierta temporada.

“Yo trabajé por muchos años de contador, pero seguía con esa limitante de qué iba a hacer de mi vida, seguí trabajando mucho en eso, pero hasta los treinta años fue cuando decidí quemar mi título de contador y de administrador de empresas y ya no dar vuelta atrás”.

Su primera oportunidad profesional como coreógrafo llegó en 1979, a sus 23 años, cuando trabajó para el circo Hermanos Atayde, y posteriormente audicionó para la obra “Amor sin barreras”, donde conoció a Olivia Bucio, quien sería su compañera de trabajo por muchos años y por quien se le abrirían las puertas para obtener sus primeros trabajos sobre el escenario.

“Era una época donde se vivían clanes en el teatro, estaba el de los Insurgentes, con Julissa eran otras personas, de los Fábregas, entonces no sabías cómo llegar a una obra de teatro porque siempre eran los mismos, pero como conocía a Olivia fui a buscarla a su casa y de ahí nos volvimos inseparables, me atreví a irle a tocar a su casa y nunca imaginé que se acordaría tanto de mi”.

Su primera obra “Yo y mi chica” estaría estelarizada por la misma Olivia y por Julio Alemán; se encargó de desarrollar el montaje y de ahí las puertas comenzaron a abrirse para Roberto.

A su currículum se sumarían “Aladino” con Lolita Cortés, “Dulce Caridad” con Cristian Bach, y Televisa lo contrataría para ser director de coreografía de “Mala noche no”, de Verónica Castro, y un programa de Anabel Ferreira.

Ya con un nombre en el teatro y la televisión, Ayala no dudó cuando el productor Marcial Dávila le comentó que llevarían la obra “Yo y mi chica” a Argentina, por lo que tuvo que cerrar su escuela de baile por un año y dejar todo lo que estaba construyendo en este espacio.

A su regreso, Dávila y Bucio le pidieron que volviera al escenario con “Calle 42”, por lo que tuvo que viajar a Manchester para igualar la obra.

También vinieron trabajos fuera del país, “que me dieron mayor reconocimiento, me fui a Colombia, Argentina, Estados Unidos a dar clases”.

Su vida estuvo rodeada de algunos accidentes que lejos de quitarlo de sus proyectos lo llevaron a trabajar con todo y sus problemas, en el 2004 sobrevivió al Tsunami asiático, pero en el 2007 tendría un accidente automovilístico que lo llevaría a estar en coma un mes.

“Tuve un paro cardiaco, estuve en coma, en silla de ruedas estuve como un mes, en ese momento fueron como siete operaciones, estuve mucho tiempo en muletas, en andadera, usé bastón muchos años, tuve una operación de columna hace un año, la cadera fue reconstruida y también se me cayó la escenografía de ‘La era del rock’, pero aquí sigo”, señaló el coreógrafo que pertenece a la Dance Masters of América y fue reconocido como profesor emérito en el 2005.

El bailarín asegura que ha vencido los principales temores de sus padres al saber que a sus 60 años y pese a las decenas de operaciones que ha sufrido, sigue y seguirá dedicándose al teatro y a la danza.

Roberto Ayala regresó en octubre pasado de la India, donde impartió clases en los Chennai Film Studios y a finales de este año se irá a Japón a montar unos bailes de tap con ritmos latinoamericanos.

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