Radiografía de la economía y la industria mexicana

Radiografía de la economía y la industria mexicana

Septiembre ha sido un mes particularmente difícil para la economía, nuestra moneda y la industria. La economía pierde dinamismo, el peso se depreció y la industria continúa debilitándose.

Aun cuando el mercado interno sigue siendo el principal impulsor de la actividad económica, comienza a perder vigor. Sectores y empresas fabriles han recibido un fuerte impacto en sus estructuras de costos por la depreciación del peso. A pesar de los esfuerzos realizados para evitar su traslado a los precios finales, la inflación reaparece en el escenario nacional.

La inversión productiva sigue a la baja. Cae la del sector público y la realizada por el sector privado avanza a un ritmo cada vez más lento.

De continuar esta combinación en lo que resta del año, cerraremos 2016 con una economía cuya tendencia dominante es a la baja, mas que a la reactivación.

La generación de empleos también comienza a debilitarse. El avance dinámico en la creación de fuentes de trabajo que se sostuvo en la primera mitad del año gracias al impulso proveniente del sector industrial, difícilmente se extenderá por mucho tiempo mas. La desaceleración en indicadores clave como la inversión productiva y la producción fabril, así como la caída de las exportaciones manufactureras y el ascenso en los costos de operación, dificultarán la generación de fuentes de trabajo.

Tal y como lo ha reconocido el Banco de México, el balance de riesgos se ha deteriorado paulatinamente. La economía mundial avanza a un ritmo cada vez más lento y los pronósticos en torno a su desempeño siguen ajustándose a la baja.

El proceso electoral estadounidense está generando tensión y nerviosismo en los mercados financieros, particularmente en el mercado cambiario. Sin embargo, a diferencia de lo sucedido con las monedas de otras economías emergentes, el peso mexicano ha sido el más afectado por la volatilidad de las últimas semanas.

Los presupuestos de egresos e ingresos de la Federación correspondientes a 2017 que el poder Ejecutivo envió a los legisladores para revisión, debate y aprobación, son portadores de buenas y malas nuevas para la economía. Por una parte, en materia tributaria no se presenta un aumento en los impuestos vigentes ni se incorporan nuevos gravámenes, lo que ofrecerá certidumbre fiscal a las empresas, en momentos en los que es preciso crear y asegurar un ambiente estable y predecible para su operación.

Sin embargo, el recorte adicional por 70 mil millones de pesos impactó inevitablemente proyectos de inversión pública que afectarán a proveedores directos e indirectos, así como a la industria de la construcción.

La actividad industrial inició el segundo semestre del año reforzando la trayectoria decreciente que caracteriza su desempeño desde los albores del año. La industria minera sigue retrocediendo. Las industrias de la electricidad, la construcción y manufacturera presentan evidentes síntomas de desaceleración.

Este desempeño a la baja es acompañado por el registro de números negativos en ocho de las 21 especialidades manufactureras a lo largo de los primeros siete meses del año.

A escala regional, el menor dinamismo de la economía se asoció con una disminución en el nivel de actividad de las zonas Norte (Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas) y Sur (Campeche, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán), una evidente desaceleración en la región centro norte (Aguascalientes, Baja California Sur, Colima, Durango, Jalisco, Michoacán, Nayarit, San Luis Potosí, Sinaloa y Zacatecas) y estancamiento en la región centro (Distrito Federal, Estado de México, Guanajuato, Hidalgo, Morelos, Puebla, Querétaro y Tlaxcala)

El balance de riesgos se deterioró no sólo por la lenta y débil recuperación de la producción industrial estadounidense, sino además por el efecto de la depreciación de nuestra moneda sobre los costos industriales y la inflación.

Es cierto que seguimos dentro del rango objetivo de la política monetaria del Banco de México, pero también lo es que el desempeño reciente del mercado cambiario ha generado inquietud. Asumiendo que el Banco de México no puede ni debe participar en el mercado para defender cierta paridad, el aumento de medio punto porcentual en la tasa de interés, reducirá la volatilidad, evitará que la depreciación contamine las expectativas inflacionarias y ofrecerá certidumbre a los agentes económicos en torno al control de la inflación.

Sin embargo, esta decisión elevará el costo del financiamiento bancario a empresas, personas físicas con actividad empresarial y familias, lo que impactará la inversión, el consumo y el crecimiento de la economía, en momentos en los que estos tres indicadores avanzan a un ritmo cada vez menor. Estamos seguros que la competencia en el sector financiero permitirá asimilar esta decisión sin ocasionar daños mayores a la planta productiva y el bienestar de los hogares.

Estos son tiempos difíciles, pero también de unidad y consistencia en la conducción de la política económica del país.

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