Proyecto artístico binacional reabre viejas heridas entre México y EUA

Por Rubén Barrera. Corresponsal

Washington, 2 Oct (Notimex).- La colaboración entre dos artistas plásticos de México y Estados Unidos dio como resultado un proyecto de campo y una exhibición, que de manera inadvertida, ha reabierto viejas heridas del difícil y complicado pasado entre dos vecinos forzados por la geografía y con historias discordantes.

En “Delimitations”, Marcos Ramírez, conocido como ERRE, y David Taylor, buscaron mostrar lo etéreo de las fronteras y en este caso dar vida de manera temporal a la que en 1821 delimitaba los territorios de México y Estados Unidos, poco después que México logró su independencia de España.

“Este es como un ejercicio catártico. Existe una herida, una herida histórica entre los dos países y no hay una cicatriz que corresponda a esa herida porque la frontera nunca tomó forma física”, explicó Ramírez.

El artista, nativo de Tijuana, Baja California, dijo que con este proyecto “lo que quisimos fue ‘cicatrizar’, poner la cicatriz donde estaba, o donde se suponía que debería, dejarla ahí o olvidarnos”.

La exhibición fue inaugurada aquí en el Instituto Cultural Mexicano, donde un video recoge la historia del proyecto y su implementación, además de fotografías que muestran las “cicatrices” implantadas en terreno estadunidense.

En su afán recreativo Ramírez y Taylor se ayudaron de 47 obeliscos colocados a lo largo de lo que fue esa línea borrada por el tiempo y la historia y que para México se extendía hasta lo que hoy son parte de los estados de Wyoming, Oklahoma, Colorado, Kansas y la totalidad de California, Utah, Nevada, Texas, Nuevo México y Arizona.

Los obeliscos de latón son una replica de los 276 que existen actualmente en la moderna frontera entre los dos países, trazada después de la derrota de México en la guerra de 1846 y la firma subsecuente de los Tratados de Guadalupe Hidalgo que resultó en la pérdida de casi la mitad del territorio mexicano.

La exhibición incluye una réplica más estilizada de uno de estos obeliscos, varios de los cuales fueron a parar a los recibidores y oficinas de algunas de las entidades que donaron fondos para llevar a cabo el proyecto.

ERRE insistió en que el propósito del proyecto no fue abrir viejas heridas, dejando eso a la interpretación de cada quien, pero si se buscó generar una necesaria discusión para entender mejor la historia sobre todo en este país.

Rememoró la sorpresa entre los habitantes de una comunidad rural en Oregón donde colocaron uno de estos obeliscos, luego de saber que la frontera de México se extendió alguna vez hasta esas latitudes.

En entrevista, el artista baja californiano concedió que al revivir esa frontera se pudieron abrir en esas comunidades heridas que habían desaparecido.

“Si así es, bueno (esos pobladores) tienen que cargar con las consecuencias que trae el conocimiento, el conocimiento tiene un peso específico, hay que saber, hay que conocer la historia”, insistió.

Taylor, quien ha vivido su vida en la frontera, primero en Nuevo México y ahora en Arizona, apuntó que el proyecto constituye una manera de evitar que esa parte del pasado sea borrada en el proceso de absorción que Estados Unidos ha mantenido tradicionalmente frente a su vecino.

“Hay gente en Estados Unidos que tienen una conexión real con esa historia y creo que esto es un empuje al pasado. Creo que está bien que se abran heridas viejas y si esto abre viejas heridas, bienvenido, esta es una historia compartida y una historia importante que no debe ser destruida”, dijo.

Ramírez hizo notar que el proyecto abrió heridas entre los pobladores originales de estas tierras, los indígenas norteamericanos para quienes el trazo de las fronteras precede la historia reciente.

Poco después de haber ingresado a una reservación de la nación Shoshone para colocar un obelisco, uno de sus integrantes recordó discusiones que sostenía con miembros de la nación Comanche sobre las fronteras que delimitaban sus pueblos antes de la llegada de los europeos.

“A él no le interesaba nuestra frontera de hace 200 años; él estaba hablando de una frontera antes de la de nosotros, de manera que cada quien tiene en su cabeza una idea de su historia y es importante honrarlas todas, con todas las heridas que pueda traer”, dijo.

El proyecto tomó un año de preparativos después de su concepción y tan sólo 30 días en el 2014 para colocar los 47 obeliscos de dos metros de altura, fabricados con latón y cubiertos con una pintura que los hace perecer construidos con aluminio.

La comunidad de Brookings, en Oregón, fue donde Ramírez y Taylor iniciaron su viaje a bordo de una vagoneta, en ocasiones atravesando terrenos de difícil acceso, para concluirlo un mes después en Puerto Arturo, al oeste de Houston, 707 kilómetros al norte de la actual línea fronteriza.

Ramírez dijo que en términos generales la reacción de la gente con que interactuaron a lo largo de su recorrido fue buena, salvo algunos roces que no tuvieron mayores consecuencias.

“En Texas tuvimos que poner todos (los obeliscos) en lugares públicos porque muchos lugares tenían letreros que decían ‘defendido por una (pistola) Smith & Wesson’ y no te ibas a arriesgar a entrar y a provocar una discusión; lo que queríamos era acabar la instalación, no ser mártires en el camino”, dijo.

Ninguno de los dos artistas tiene claro el destino que han tenido sus creaciones, aunque sospechan cual pudo haber sido el de muchas a partir de visitas a algunos de los puntos donde fueron instaladas, amén de que la mayoría sucumbirán a las inclemencias del tiempo.

Algunos obeliscos han desaparecido, otros han sido objeto de vandalismo y para su sorpresa varios han sido adoptadas de manera oficial por comunidades, evidencia de que pese a la inevitable reapertura de viejas heridas, hay quienes abrazan su pasado como fuente de mejor entendimiento del presente.

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