La pesca, una de las actividades que prefiere la gente de mar

Por Rommel García Beristain. Corresponsal

Popotla, BC., 27 Jun (Notimex).- La brisa matinal y su sabor salado cuando pega en el rostro es uno de los incentivos que a diario tienen los pescadores de Popotla, una pequeña comunidad costera de Baja California, 40 kilómetros al sur de la frontera.

Por su cercanía con Estados Unidos, muchos de los compradores que llegan a esa villa son paisanos provenientes de las ciudades del sur de California, pues tienen la oportunidad de comprar un producto fresco, un producto recién sacado del mar.

La vida ha transcurrido para muchos de los pescadores de Popotla, algunos de ellos que iniciaron su trayectoria como pescadores en otras entidades del país, como Víctor Manuel y Camilo, ambos oriundos de Sinaloa, una tierra de tradición pesquera.

“Soy pescador de pata seca”, dice a manera de broma Víctor Manuel López Agramont, ya que aunque desde muy joven practicó la pesca en su natal Sinaloa, en los últimos años y durante su estancia en Popotla, la actividad que desempeña es la de filetero.

El filetero es aquella persona que, en cuanto llega la lancha con el producto recién sacado del mar, se apresta a preparar el pescado para su venta. Le saca las entrañas y quita las escamas, o desconcha las almejas y los ostiones que salen a diario.

No obstante, sus 40 años de pescador le otorgan cierta autoridad para hablar del tema y hasta se da el lujo de hacer una crítica a los pescadores de hoy en día, que no conocen lo que es la pesca sustentable, esto es, respetar las hembras, para que reproduzcan.

Para él, el problema es que la producción ha sido siempre la misma, pero las generaciones de hoy sacan a las hembras, las que producen, se las traen y no dejan que se reproduzcan y por consecuencia, desmerece el producto.

Víctor Manuel no tiene empacho en hablar de pescado y con tanta experiencia, conoce el producto que vende, mojarra, cabrilla, así como los cangrejos y las langostas, el camarón y todo tipo de producto de concha.

Víctor Manuel, quien nació el 7 de noviembre de 1949 en Guasave, Sinaloa, recuerda que trabajó 10 años en un barco camaronero, hubo ratos muy pesados, pero él era muy bueno para nadar, “pero ahorita no tengo la misma condición, ya estoy jubilado”.

No obstante que hace más de un año que dejó de entrar al mar para pescar, no puede dejar de ir todos los días a sentir la brisa del mar, a percibir el aroma que despiden las aguas del océano Pacífico, las que conoce desde su niñez.

“Fui pescador desde niño, luego jugué beisbol de primera fuerza y hasta me convertí en corredor de caballos”, recuerda, pero siempre y por ser gente de mar, las aguas del océano Pacífico lo han atraído, por eso viene todos los días a Popotla.

Para él, ser sinaloense es un orgullo, “aunque aquí no nos quieren. Hay dos personas a las que no se quiere aquí, a los chilangos y a los de Sinaloa, no sé por qué, dicen que somos malos, pero gente mala hay en todas partes”.

Su padre falleció cuando era pequeño y su madre sacó adelante a sus cinco hijos, en su caso, salió adelante mediante la pesca, lo que le ha dado para vivir en forma decorosa y tener sus propiedades en su natal Guasave, donde tiene una huerta.

Pero con todo y huerta, para Víctor Manuel, la vida no se concibe fuera del mar, hay que estar aquí, en medio de la brisa, en medio del oleaje y oliendo los aromas propios de los océanos.

“La pesca es lo máximo”, dice al rememorar sus mejores años cuando extraía almeja y las “sacaba de a montón”, lo mismo que jaibas, y llenaba su lancha de caguama cuando no estaba en veda, así como con camarones.

De esas anécdotas, comparte aquella cuando “una vez tiré una lancha llena de camarón, porque no alcance a entregarla, sólo retuve una cubeta para la comida de ese día”.

Todos los días, Víctor Manuel llega a Popotla, “me vengo aquí para no entumirme, aparentemente estoy fuerte, todavía puedo trabajar, no quiero dar mi brazo a torcer todavía”.

Y tiene que enfrentar a una de sus hijas, que a fin de que deje de lado su rutina de ir al mar, le ha dicho de forma reiterada que cuánto gana y como él le dice que gana bien, ella le repite siempre la misma oferta.

“Le voy a doblar lo que gana”, comenta que le dice su hija, pero para Víctor Manuel “ese no es el chiste, el chiste es que quiero estar aquí dentro del movimiento”.

El caso de Camilo Hernández Cervantes es similar, sólo que él tiene “apenas” 32 años como pescador y al igual que Víctor Manuel vino de su natal Sinaloa, “sólo de visita”, para continuar aquí su vida como pescador, como gente de mar.

También es filetero, y se encarga de vender el producto, muy hábil para hacerlo, pues en cuanto llega el posible cliente lo atiende, para que se vaya satisfecho y en la próxima vista procure su mesa de venta.

“La mojarra es la más solicitada” comenta Camilo, quien no duda en dar los precios de los productos, la mojarra a 40 pesos el kilo, “fresquecita, de hoy en la mañana”, comenta.

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