Papa visita el Programa Mundial de Alimentos y critica la especulación

Ciudad del Vaticano, 13 Jun (Notimex).- En su primera visita a la sede del Programa Mundial de Alimentos (PMA), el Papa advirtió que el “hambre no es algo natural”, en un discurso que incluyó duras críticas a la especulación financiera con la comida.

La mañana de este lunes Francisco participó en la apertura de la sesión anual de la Junta Directiva del PMA, dirigió un mensaje ante los delegados de los países y saludó a los trabajadores del organismo de las Naciones Unidas, en su edificio ubicado a pocos pasos del centro de Roma.

“Dejémoslo claro, la falta de alimentos no es algo natural, no es un dato ni obvio, ni evidente. Que hoy en pleno siglo XXI muchas personas sufran este flagelo, se debe a una egoísta y mala distribución de recursos, a una ‘mercantilización’ de los alimentos”, sostuvo.

“La tierra, maltratada y explotada, en muchas partes del mundo nos sigue dando sus frutos, nos sigue brindando lo mejor de sí misma; los rostros hambrientos nos recuerdan que hemos desvirtuado sus fines. Un don, que tiene finalidad universal, lo hemos convertido en privilegio de unos pocos”, agregó.

Hablando en español, insistió que los frutos de la tierra han sido convertidos en “commodities de algunos” generando exclusión.

Su discurso se centró en dos conceptos: “desnaturalizar la miseria” y “desburocratizar el hambre”. Constató que el exceso de información en los medios provoca lentamente que se “naturalice” la miseria, haciendo a los seres humanos inmunes a las tragedias de los demás.

Afirmó que no basta con ver y conocer el dolor sin tocarlo, sentir el llanto sin consolarlo y la sed sin saciarla, ni tampoco es suficiente sumergirse en discusiones interminables sobre el problema, repitiendo siempre los mismos tópicos.

Por eso insistió en la necesidad de dejar de asumir la miseria como un “dato más de la realidad” porque este flagelo tiene rostro de niño, de familia, de jóvenes y ancianos.

“No podemos “naturalizar” el hambre de tantos; no nos está permitido decir que su situación es fruto de un destino ciego frente al que nada podemos hacer. Cuando faltan los rostros y las historias, las vidas comienzan a convertirse en cifras, y así paulatinamente corremos el riesgo de burocratizar el dolor ajeno”, consideró.

“Cuando la miseria deja de tener rostro, podemos caer en la tentación de empezar a hablar y discutir sobre ‘el hambre’, ‘la alimentación’, ‘la violencia’ dejando de lado al sujeto concreto, real, que hoy sigue golpeando a nuestras puertas”, apuntó.

Poco antes de las 09:30 horas local (08:30 GMT), el líder católico llegó hasta la zona de la Villa Medici en Roma, a unos pasos del Coliseo, donde fue recibido por la presidente del Consejo de Administración del PMA, Stephanie Hochstetter Skinner-Klée y la directora ejecutiva, Ertharin Cousin.

En el ingreso al edificio rezó unos instantes ante el Muro de la Memoria, una pared con las fotografías de los colaboradores de la organización muertos en sus labores. Tras un breve diálogo privado con las funcionarias y la firma al libro de honor, el Papa se dirigió al pleno.

En su discurso también criticó al consumismo, que ha inducido a los seres humanos a acostumbrarse a lo superfluo y al desperdicio cotidiano de alimento, haciéndolos incapaces de darle el justo valor.

Por eso llamó a reflexionar seriamente sobre el problema de la pérdida y del desperdicio del alimento para encontrar soluciones porque “el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre, de quien tiene hambre”.

Más adelante arremetió contra la “preponderancia inusitada” de las armas, una preferencia que por un lado impide la distribución de alimentos en las zonas de guerra y, por otro, permite que los armamentos circulen sin control.

“Mientras las ayudas y los planes de desarrollo se ven obstaculizados por intrincadas e incomprensibles decisiones políticas, por sesgadas visiones ideológicas o por infranqueables barreras aduaneras, las armas no; no importa la proveniencia, circulan con una libertad jactanciosa y casi absoluta en tantas partes del mundo”, insistió.

Lamentó que, por esto, las guerras se nutren y no las personas. Fustigó además que el hambre sea utilizado como un arma, multiplicando las víctimas de los conflictos.

Animó a los funcionarios a no dejarse vencer por el cansancio ni permitir que las dificultades los retraigan en su labor, más bien los instó a poner entusiasmo: “Dense el lujo de soñar, necesitamos soñadores que lleven adelante estos proyectos”, ponderó.

“Un pueblo se juega su futuro en la capacidad que tenga para asumir el hambre y la sed de sus hermanos. Y así también la humanidad. En esta capacidad de socorrer al hambriento y al sediento podemos medir el pulso de nuestra humanidad”.

“Por eso, deseo que la lucha para erradicar el hambre y la sed de nuestros hermanos y con nuestros hermanos siga interpelándonos, que no nos deje dormir y nos haga soñar, las dos cosas, que nos interpele a fin de buscar creativamente soluciones de cambio y de transformación”, estableció.