Olimpiada Río 2016, amenazada por retrasos, zika, inseguridad y paros

Por Heriberto Araújo. Corresponsal

Río de Janeiro, 14 Jul (Notimex).- A poco más de 20 días para el inicio de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, los problemas no cesan.

A la amenaza del virus del Zika, el retraso en obras de movilidad y repunte de inseguridad, se suman ahora huelgas y protestas de colectivos profesionales que aprovechan la visibilidad del evento para exigir aumento de salarios.

Si hace dos semanas los viajeros que llegaban al aeropuerto internacional de Río de Janeiro se encontraban con la pancarta “Bienvenidos al infierno”, exhibida por policías que no cobraban sus salarios desde hacía meses, la sorpresa este jueves corrió a cargo de los auditores de la administración tributaria.

Los viajeros y sus maletas fueron sometidos este día por los agentes tributarios a controles extraordinarios que provocaron más de dos horas de espera para poder recuperarlas y salir del aeropuerto.

Ello porque 11 mil 500 auditores iniciaron una huelga por tiempo indefinido que, en lugar de parar de trabajar, implica un aumento draconiano de los controles todos los jueves, a fin de demorar la liberación de cargas en fronteras y maletas en aeropuertos en momentos en que el país se prepara para recibir a 500 mil turistas.

Los auditores exigen un aumento progresivo de 21 por ciento del salario hasta 2018, a pesar de que están entre los funcionarios mejor pagados, ya que reciben un sueldo base de 15 mil reales (cuatro mil 600 dólares), más bonos por productividad.

“Solo pedimos que el gobierno nos dé el aumento que prometió y que ha dado a otros funcionarios federales”, explicó a Notimex el presidente del sindicato Sindifisco, Claudio Damasceno, quien dijo que “no quieren perjudicar la imagen de Brasil durante las Olimpiadas”.

Además de incrementar los controles –lo que provocó indignación de decenas de viajeros en los aeropuertos de Río de Janeiro y Sao Paulo- los auditores dejarán de trabajar en oficinas los martes y jueves.

“No queremos llegar a las Olimpiadas con la huelga. Nos gustaría volver a trabajar, pero no tenemos alternativa”, agregó Damasceno.

Otros que amenazan con abandonar sus puestos de trabajo son los policías y militares de la Fuerza Nacional brasileña, un grupo de hombres de otros estados brasileños, fuera de Río, que fueron desplegados para cuidar la seguridad de las instalaciones de los juegos y sus alrededores.

Cuatro mil hombres de la Fuerza Nacional ya se encuentran desde el 20 de junio desplegados por varios puntos de la ciudad, pero ahora algunos amenazan con volver a sus estados de origen por unas condiciones laborales que consideran miserables.

En primer lugar reclaman que los hospedajes donde fueron colocados –viviendas sociales acabadas de terminar pero no entregadas a sus futuros dueños- no cumplen los requisitos “mínimos”, según Elisandro Lotin, presidente del sindicato Anaspra, que representa a los policías.

“Las casas no tienen ni agua, ni lámparas e incluso carecen de colchones. Son casas vacías”, denuncia Lotin, en entrevista telefónica con Notimex, horas después de que varias fotografías fueran publicadas en las redes sociales.

“Por si fuera poco, esas viviendas se encuentran en la zona Oeste de Río, donde el índice de violencia es alto y están favelas muy peligrosas. Algunos policías pidieron instalar Internet en las casas y la milicia local dijo que solo podía ser con la empresa que ellos autorizasen”, relató.

El Gobierno federal del presidente Michel Temer también rechaza hasta el momento pagar a los policías un extra diario de 440 reales (130 dólares) acordado con el Ejecutivo anterior, y negocia ahora la mitad de esa cantidad como compensación.

“Si el Gobierno federal no cumple muchos policías pedirán para volver a sus estados y dejar de trabajar en este período de Olimpiada”, dice Lotin, quien lamenta que “Brasil sea un país sui géneris”.

“Un empleado de la administración tributaria o un mesero del Senado cobra miles de reales, y nosotros que nos encargamos de la seguridad pública tenemos constantemente nuestros derechos violados”, agregó Lotin, quien dice que un policía gana de base de 600 a 900 dólares al mes.

Otros colectivos, como los profesores del Estado de Río de Janeiro, también aumentaron sus protestas, y desde marzo unos 75 mil maestros están en huelga para exigir un aumento del 30 por ciento del salario, a pesar de la grave crisis económica que vive el país.

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