Marc Augé reflexiona sobre concepto de frontera y quehacer etnológico

México, 21 Sep (Notimex).- Al continuar el ciclo de conferencias “La antropología de los mundos contemporáneos”, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el antropólogo Marc Augé se refirió a las fronteras humanas y el quehacer etnológico en la actualidad.

Previo a la conferencia desarrollada en el Auditorio Román Piña Chan de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), la directora de la casa de estudios, Julieta Valle, destacó el realce que el autor francés ha dado a dicha institución académica, tanto en México como en otros países como España, Perú y Japón, vía streaming.

Durante la segunda de tres conferencias que dará en México, Augé inició con una reflexión acerca del concepto de frontera, su rol en la sociedad actual y el ideal de igualdad al que debe aludir con la charla intitulada “El etnólogo y el turista”, refirió el INAH.

El antropólogo indicó que su definición de frontera tiene que ver más con un umbral que invita al paso que con un obstáculo, noción que aplica en temas de la geopolítica actual y también en el ámbito individual.

“El muro es una ilusión. Está hecho para tranquilizar a quienes les asusta sentirse amenazados por otros. Nuestro ideal no debe ser el de un mundo sin fronteras, sino el de un mundo donde todas las fronteras sean reconocidas, respetadas y transitables; donde el respeto de las diferencias comience con la igualdad de los individuos”, añadió.

Posteriormente, el autor llevó su conferencia al análisis de los contrastes y las semejanzas que existen entre el turista y el etnólogo, en donde ambos se desenvuelven en un mundo donde el exotismo está moribundo, sin embargo, “al no ser su principal objeto de estudio, la etnología sobrevivirá al fin del exotismo”.

Ante los alumnos de la ENAH, remarcó la importancia que el investigador debe dar a los grupos que observa, pues son tan complejos como él mismo y tienen una reacción a su presencia.

En ese sentido, recordó su estadía con los Alladian en Costa de Marfil, ejemplificando la resistencia que el terreno impone al etnólogo.

“El oficio del etnólogo no es el de un simple observador de la historia, es incluso a su pesar, el de un actor de la misma, el turista moderno es un ser que se cree viajero, mientras el etnólogo tiene en su viaje privilegios y responsabilidades, es un ser que nunca cesa de viajar a igual distancia de sí mismo y de otros”, concluyó.

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