“Mairo” Rogelio, protector de niños de la calle en Guadalajara

Por Lucía Lizárraga Castro. Corresponsal

Guadalajara, 19 Jun (Notimex).- Rogelio Padilla, conocido como “Mairo”, formó hace casi tres décadas el Movimiento de Apoyo a Menores Abandonados (MAMA AC) y desde entonces ha fungido como un padre protector de miles de niños de y en la calle, siempre con el afán de buscarles un futuro “chido”.

En entrevista con Notimex, recordó que desde muy joven vio con dolor cómo muchos pequeños se perdían en las calles de la capital tapatía y desde entonces empezó una férrea lucha para defender, proteger, mejorar, cambiar y salvar la vida de estos menores, con acciones de solidaridad y programas de educación.

“El objetivo es lograr la voluntad de cambio, autoestima, esperanza y la toma de decisiones inteligentes”, afirmó “Mairo” (código popular y callejero que significa maestro, el que enseña pero que es “chido”, es decir, confiable, honesto, amistoso, dialogante, afectuoso y solidario, que sí ayuda).

Destacó que fundó esa organización para hacerle “el paro a los chavitos y chavitas, empezamos en 1988 con el programa para niños de la calle que habían tenido broncas con sus familias, en sus barrios.

“Chiquillos que le decían adiós a la familia, se iban de su casa a vivir en las calles, enfrentando los problemas que les brinda la calle”, comentó.

Señaló que el segundo programa nació en 1989 para los que trabajan en la calle y en todo este tiempo “han pasado varios miles de niños y niñas que han vivido y trabajado en las calles, teniendo en nosotros una esperanza de cambio”, reveló.

Rogelio Padilla, quien es licenciado en Comunicación, fue además catedrático por varios años en diversas universidades del estado, para continuar con su labor de “ayuda a los demás” instauró el programa ATM (A toda madre) para las mamás de los niños que se cobijan en esa asociación civil.

Indicó que todo cambio debe ir acompañado de empoderamiento, solidaridad y educación, por lo que abrieron escuela primaria y secundaria para capacitar a los niños y niñas de la agrupación, muchos de ellos también asisten a escuelas públicas de Jalisco.

“Es como jugar volados, tengo amigos y amigas que murieron de Sida, en la calle, encarceladas por la vida vieja, pero también tengo muchos amigos y amigas vivitos y coleando que han cambiado su vida y se han convertido en un ejemplo para nosotros, porque la asociación no les falla, pero ellos tienen que luchar”, apuntó.

Citó como un ejemplo a seguir el caso de Miriam, una niña indígena, pobre y trabajadora de la calle, que llegó a MAMA y después de varios años ahora es estudiante de Licenciatura en Enfermería, lo que muestra que los sueños no caen del cielo sino se lucha por ellos.

“No podemos ir por la vida lamentándonos y culpando a los demás de nuestra bronca, si hay pobreza y se me echó encima, si mi familia tiene muchas broncas, hay que levantarnos y luchar aunque estemos chiquitos, con el sí puedo, sí quiero, sí pude, hay que quitarnos las cadenas”, aseveró.

Mencionó que a los niños y niñas les reitera que antes que nada hay que saber que todos somos seres humanos y debemos ser trabajadores, honrados y solidarios, después de lograr eso hay que conquistar los títulos de enfermería, licenciatura, herrería, entre otras carreras y oficios.

“La vida no es un bombón, pero se puede cambiar la historia”, subrayó Rogelio Padilla, quien afirmó que su lucha no parará, porque le ha llenado de satisfacciones día con día, ayudando siempre al que lo necesite, a esos niños de la calle, niños que viven y/o trabajan en las calles de esta ciudad.

Refirió que desde la fundación de la asociación llevan más de seis mil niños y niñas atendidas por los diferentes programas y continuarán enfocados en ser la esperanza de estos seres que rondan las calles de esta metrópoli, privados de atención familiar y protección de un adulto.

“Sí se vale llorar, caerse, pero no podemos siempre estar con la autolástima y lamiendo la herida, hay que quitar ese papel de víctima y levantarse a luchar, así lo refuerza MAMA que es una casa de derechos y de sueños, donde todos tienen familia, sólo hay que cambiar el chip para perdonar y salir adelante”, puntualizó.

Detalló que hay que recordar a los “chavitos y chavitas” que sí deben señalar a sus papás los errores que cometieron con ellos, pero con amor, porque ellos “no tuvieron quien les hiciera un paro chido” y en esta comunidad “estos niños y niñas sí pueden cambiar su historia para ser, a futuro, mejores padres de familia”.

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