“Lupita” González, la marchista de piernas de plata y mente de acero

Por Heriberto Araújo. Corresponsal

Río de Janeiro, 19 Ago (Notimex).- Plata en sus primeros Juegos Olímpicos, María Guadalupe González es una atleta “incombustible” que destaca en la marcha desde su primera carrera y acumula récords a pesar de sumar solo tres años en el atletismo de élite, ya que su sueño era ser medallista olímpica como boxeadora.

Nacida en Tlalnepantla (Estado de México), el 9 de enero de 1989, la corredora llegó a la marcha casi de rebote, debutando en julio de 2013, tras un infructuoso paso por el boxeo, donde no lograba competir por su bajo peso, y otra escala en las carreras de velocidad (400, 800 metros), donde quiso imitar a su “admirada” Ana Gabriela Guevara.

Fue una lesión en los meniscos que la empujó a iniciarse en la caminata, pero sólo como fórmula para recuperarse de las lesiones que amenazaban con dejarla fuera de su sueño de ser una atleta a nivel mundial.

Pronto comenzó a despuntar y José Luis Peralta la “descubrió” y la convenció para lanzarse a la caminata, una disciplina que no apasionaba a “Lupita” y que jamás soñó que la podría subir a un podio olímpico.

Con 162 centímetros de altura y apenas 47 kilogramos de peso, “Lupita” tiene un físico ideal para la caminata, pero es probablemente su capacidad mental la que la ha subido al podio este viernes en Río de Janeiro al término de una carrera histórica.

“La mente puede hacer muchas cosas. Puedes hacer el mejor trabajo, pero si no tienes la mente de aguantar no sirve de nada. Hay que ser muy dura en esta competencia”, admitió la marchista.

Una frase acaso resuma mejor que ninguna por qué casi logró ganar una carrera en la que, como ella mismo admitió, se sintió “como un conejito encajonado” ante las tres chinas que se le pegaron de inicio a fin de la carrera.

“El dolor es temporal, pero la satisfacción es para toda la vida”, dijo en rueda de prensa, y reveló lo que corría por su cabeza durante los momentos más duros de la prueba, disputada parcialmente con un intenso viento de cara y bajo un tórrido sol.

“En algún momento pensé que estaba fuera, pero recuerdas todo lo que has trabajado y no tienes miedo de intentarlo una vuelta más, y al final ya estás en la última vuelta, y lo dejas todo”, aseveró.

“México también puede, México es grande. El camino no era este, quería llegar en el boxeo o en la carrera. Pero aquí estoy”, lanzó.

Pocos pueden presumir de una capacidad mental como “Lupita” para lograr hitos equiparables al de hoy, como su victoria en el Panamericano de Toronto 2015, cuando tras cruzar la meta se desmayó, al parecer por no haberse hidratado en toda la carrera por orden de su entrenador.

Fue en el Mundial de Roma, este año, cuando presentó credenciales como la mejor del mundo en su especialidad, al colgarse el oro pese a cruzar segunda la meta, ya que la vencedora, la china Liu Hong, dio positivo por dopaje.

Liu, su gran rival, oro hoy y todavía poseedora del récord mundial con un tiempo de una hora 24 minutos y 38 segundos obtenido en 2015 en la localidad española de La Coruña, logró competir en estos Juegos tras apenas un mes de sanción por aquel dopaje.

Aunque la prohibición de participar de las marchistas rusas por un supuesto esquema de dopaje estatal ayudó a “Lupita” hoy a subirse al podio, nada le quita mérito a la victoria de esta mujer que hace apenas unos meses decía que le faltaba trabajo para colgarse el oro.

En apenas tres años y con apenas una decena de carreras profesionales de 20 kilómetros a sus espaldas tiene ya un ranking continental (1:26:17).

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