Luis Angel Hernández Ortega, ejemplo de amor al piano

* Vino de Guanajuato y cada día sortea vicisitudes sin afectar su sed y deseo de triunfo

Por Juan Carlos Castellanos C.

México, 30 Jul (Notimex).- Luis Angel Hernández Ortega (León, 1989) inició estudios musicales en su ciudad natal a los 14 años, hasta que terminó un diplomado artístico. A los 20 años decidió cambiar de aires y dedicarse de manera seria a la música, y en eso providencialmente llegó a sus manos un tríptico que delineó su destino definitivamente.

Era un documento informativo de la Escuela Nacional de Música. Tras su lectura y luego de salir de un súbito asombro, Luis Angel sintió pasar por su mente, como relámpago, la idea de trasladarse a la capital del país para proseguir sus estudios y el perfeccionamiento. Hoy, es un pianista profesional e imparte clases particulares sin olvidar sus orígenes.

“Con lo que yo sabía preparé un repertorio para interpretarlo, pues pensé que eso era uno de los requisitos para ingresar a la escuela además de los exámenes correspondientes. Con dolor de dejar a mi familia, a mis amigos, a mi casa que en ese entonces era mi zona de confort, llegué a la Nacional de Música y presenté examen hasta para el propedéutico”, rememoró.

Aprobó el examen, ingresó a la escuela, terminó el propedéutico y actualmente va para el segundo año de la licenciatura. Tropiezos, decepciones, momentos difíciles y obstáculos han permeado su estancia en la Ciudad de México y sus estudios en la Escuela Nacional de Música, sin embargo, las satisfacciones han superado por muchos las vicisitudes, aseguró.

Entrevistado por Notimex, el pianista guanajuatense subrayó también que su terquedad y su costumbre de aferrarse a sus metas le han ayudado a más no poder. Siempre busca el “sí”, aunque las circunstancias se enfoquen más al “no”. “Moralmente, tengo el apoyo de mi familia; primero no creían en mi ideal, y mi madre sufrió y hasta lloró cuando partí.

“Dejar mi lugar de origen es el sacrificio más grande que me ha cobrado el amor por la música y por el piano; cambiar el ritmo de vida es lo que más trabajo me ha costado”, aseguró el entrevistado, quien piensa “cobrar caro” ese sacrificio. “Espero crecer como un pianista de excelencia y consolidarme en el ámbito artístico, nacional e internacional”.

Para concretar su noble proyecto de vida, diariamente y sin descanso se prepara. Estudia el mayor tiempo que le permiten sus múltiples trabajos, ocupaciones eventuales que él mismo se busca y apenas le proporcionan los medios para pagar su colegiatura escolar, la renta del lugar donde vive y sus alimentos; si el dinero alcanza para más, ya es ganancia.

Sin embargo, sabe que cumplir con la escuela, con el repertorio para el instrumento que ama, mantenerse en la escuela de manera regular y cumplir con lo que sus maestros le demandan, es prioridad. “Lamentablemente, a veces no me da tiempo para todo eso, porque si no trabajo no hay escuela, ni casa ni comida; han sido casi seis años muy duros”, acotó.

Los recursos económicos los obtiene de donde sea, “siempre de manera decente”. Lo mismo da clases particulares que en pequeñas escuelas; toca en misas y hace otros tipos de trabajos, siempre buscando posibilidades de dónde sacar el sustento. Esa situación lo ha colocado, de pronto, en la confusión donde se pregunta si está haciendo lo correcto.

“En una ocasión sí me di por vencido. Sentí que ya no podía más y me dije a mí mismo que ya no quería estar aquí, pero mi parte terca me ordenó quedarme, me dijo que yo ya había hecho el sacrificio de venir, y que me quedara. Que siguiera en la carrera y que no echara en saco roto todo lo realizado”. ¿Qué fortalece su espíritu? “EL deseo de ser un gran pianista”.

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