Libro de Luis Díaz-Santana recupera historia de la música norteña

Monterrey, 19 Ago (Notimex).- Las raíces musicales, de lo instrumental al conjunto norteño, se plasman en el libro “Historia de la música norteña mexicana: desde los grupos precursores al auge del narcocorrido”, que su autor Luis Díaz-Santana Garza presentó anoche en el Museo de Historia Mexicana.

“Es una investigación que pretende abarcar desde los grupos precursores del conjunto norteño hasta nuestros días, la época del narcocorrido, ahí hablo desde el siglo XIX, de la época de las bandas militares, las bandas de pueblo y todos los grupos precursores del conjunto”, explicó el autor en entrevista a Notimex.

Refirió que este movimiento tuvo varias etapas, “primero la música fue completamente instrumental, cuando comenzó el acordeón solo, luego el bajo sexto, después el canto en la década de 1940, cuando surgen los tríos románticos de boleros”.

Indicó que los primeros que grabaron con acordeón, bajo sexto y canto fue un dueto María y Cantú, le siguieron Los Donneños, uno de los duetos iniciadores y después Los Alegres de Terán, que cantaban tratando de imitar a los cantantes de bolero.

A partir de ahí ya se puede hablar del conjunto norteño que se consolidó en la década de 1970, cuando se vuelve fenómeno de masas, expuso Díaz-Santana Garza.

“Antes era una música marginal, una música de la gente pobre, de las cantinas de pueblo”, ahora, desde finales del siglo XX hasta los últimos años, es un emblema de México, más que de la región noreste, a veces más que el mariachi”, abundó.

Una amplia investigación del tema, a partir de 2010, expuso el autor, le permitió destruir algunos mitos relacionados con los factores vinculados a la música que perfilan la identidad de una región.

“La investigación analiza el origen, evolución y difusión de la música del conjunto norteño y el conjunto tejano, representantes históricos de una identidad local, primariamente del noreste, para luego dar paso al norte de México y más tarde ser asimilada nacional e internacionalmente”, dijo.

Para el historiador, a pesar de no haber sido impulsada directamente por ninguno de los dos estados-nación donde prolifera, la música regional de acordeón y bajo sexto es uno de los principales referentes de la identidad mexicana y chicana desde mediados del siglo XX.

Ello, aseguró, “desplazando hoy incluso al mariachi, gracias a que los migrantes mexicanos reclamaban su música, mientras que al sur, el poder económico del noreste del país ha tratado de imponer una hegemonía cultural por medio de los sonidos armónicos”.

Esta visión de largo aliento histórico del conjunto norteño- tejano y las formas musicales que emplea (polka, el corrido, la canción y el bolero), así como sus transformaciones y aportaciones a otras culturas sonoras, son analizados en la obra.

Lo anterior, agregó, “en términos de cómo puede articular significados, organizar nuestro sentido del tiempo y memoria, y contribuir a la construcción social de las identidades individuales en la frontera”.

En su opinión, “aunque el narcocorrido es denostado por los defensores del conjunto norteño tradicional por considerar que genera una imagen negativa de la música norteña y es un subgénero artificial creado por la industria musical, no se debe olvidar que es un heredero del corrido tradicional mexicano que viene desde el siglo XIX”.

La última parte del libro habla sobre los corridos del narcotráfico, “sobre artistas del movimiento alterado”, puntualizó el investigador, mientras se escuchaban notas de música de acordeón y bajo sexto.

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