Legado de Emilio Carballido sigue vigente en la dramaturgia mexicana

México 21 May (Notimex).- El legado del dramaturgo mexicano Emilio Carballido, quien nació el 22 de mayo de 1925, sigue vigente a través del centenar de obras que escribió, el Premio Nacional de Dramaturgia que lleva su nombre y el festival que se realiza en Córdoba, Veracruz, su ciudad natal.

La octava edición del Festival de Dramaturgia “Emilio Carballido” se llevará a cabo en agosto próximo y tendrá entre sus invitados especiales a la Ópera de China, adelantó Héctor Herrera, director general del festival en declaraciones difundidas en medios locales.

A través de las letras, Emilio Carballido creó un mundo alterno con personajes fantásticos que llevó al teatro para que la gente pudiera entender la complejidad del ser humano.

Su gusto por las letras surgió desde su hogar, fue un niño muy imaginativo, precoz y voraz lector, sus familiares se dedicaban a hacer versos y escritos, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Estudió Letras Inglesas en la Facultad de Filosofía y Letras, continúo con la maestría en la misma área y universidad. También realizó estudios alternos gracias a una beca en el Instituto Rockefeller. Su talento era inigualable pues una vez sustentado con los conocimientos formales que adquirió gracias a su dedicación.

Reconocido como uno de los más porlíficos escritores de México, Carballido inició formalmente su carrera literaria en 1946 con la publicación de “Los mundos de Alberto”, a la que siguieron “Triángulo sutil” y “La triple porfía”, según datos del portal “buscabiografias.com”.

La década de 1950 fue muy importante en la trayectoria del escritor, pues incursiona por primera vez en el teatro con su obra “Rosalba y los llaveros”, bajo la dirección de Salvador Novo (1904-1974), la cual se estrenó en el Palacio de Bellas Artes.

A mediados de la década recibió la beca del Centro Mexicano de Escritores que le permitió seguir con su fructífera carrera literaria.

Carballido formó parte la generación de medio siglo que impulsó el teatro moderno en México, junto a personajes como Héctor Mendoza (1932-2010), Rosario Castellanos (1925-1974) y Sergio Galindo (1926-1993), señala la Secretaria de Cultura federal.

Como cuentista dejó como legado obras como “La desterrada” (1956), “La plaza después del combate” (1956), “La caja vacía (1962)”, “La adoración de los magos” (1968) y “Los novios” (1970).

La vocación por enseñar le atrajo fuertemente, por lo que dio clases y talleres en varias universidades de Estados Unidos, así como instituciones de Hispanoamérica.

Fue subdirector de la Escuela de Teatro de la Universidad Veracruzana, así como director y profesor de la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Sin duda la convicción de Carballido por el teatro lo llevó a escribir y tener grandes éxitos, entre los que se encuentran “Un pequeño día de ira” (1961), “¡Silencio pollos pelones, ya les van a echar su maíz!” (1963), “Te juro Juana que tengo ganas” (1965).

“Yo también hablo de la rosa” (1965), “Acapulco los lunes” (1969), “Las cartas de Mozart” (1974) y “Rosa de dos aromas”, ésta última pieza lo puso en el panorama universal al abordar la complejidad de ser mujer, estar en cartelera seis años consecutivos y luego otros cuatro años, además de ser traducida y montada en diversos países.

Algunas de sus obras fueron adaptadas el séptimo arte, entre ellas, “Felicidad” (1956), “Las visitaciones del diablo” (1967), “La danza que sueña la tortuga” (1975), “El Censo” (1977), “Orinoco” (1984) y “Rosa de dos aromas” (1989).

Su labor por impulsar nuevos talentos en el teatro lo llevó a dar el taller de Composición Dramática en el Instituto Politécnico Nacional, en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y el Colegio de Bachilleres.

La trayectoria del veracruzano fue reconocida con el Premio de Teatro Casa de las Américas en 1962, Medalla Bellas Artes 1995, Premio Nacional de Ciencias y Artes 1996, y Premio Nacional de Dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón, 2002.

Sus obras se distinguieron por plasmar ideas que invitaban a la reflexión, a la comicidad, y a la estimulación de la creatividad. Emilio Carballido murió a causa de un infarto miocardio el 11 de febrero del 2008.

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