A leer sin escrúpulos, llama la escritora colombiana Laura Restrepo

* El gusto por la lectura es como un músculo que se debe ejercitar, dice

México, 22 May (Notimex).- Con la convicción de que quien lee un libro jamás se sentirá solo, la escritora colombiana Laura Restrepo (1950) aseguró que la lectura no sólo permite conocer otros mundos, también brinda la posibilidad de conocerse a sí mismo, porque para ella, “las historias encerradas en un libro son el reflejo del lector”.

De visita en la Ciudad de México para presentar su más reciente libro “Pecado”, la autora indicó que aunque existen personas que nunca han leído o que creen que la lectura no es para ellos, jóvenes y adultos, “a ellos, lo que les puedo asegurar que cuando le den una oportunidad a la lectura descubrirán una fuente de alegría inagotable”.

Para la autora de “La isla de la pasión”, los libros son la mejor compañía cuando alguien se siente desolado, enfermo o en crisis; “es un compañero que puedes llevar a todas partes, en el transporte, en la playa o en el trabajo”.

Aprender a leer, en términos de entendimiento, no es algo que suceda de la noche a la mañana, “el gusto por la lectura es como un músculo que hay que desarrollar todos los días, que nos permite aprender, conocer los lugares más remotos, a personajes de otras épocas. Si tu vida te resulta monótona puedes sumergirte en los mares de la lectura y vivir cientos de aventuras”, subrayó.

Restrepo, quien en 2004 fue nombrada directora del Instituto de Cultura y Turismo de Bogotá, señaló que aunque las estadísticas de lectores en el mundo no son alentadoras, nunca en la historia de la humanidad se había leído tanto como ahora.

“Si tomamos en cuenta que los más famosos autores del siglo XIX y XX sacaban ediciones de siete a 15 mil ejemplares, actualmente los tirajes rebasan por mucho esa cifra, además millones de personas leen en Internet todas clase de publicaciones, libros, revistas, noticias, incluso redes sociales y eso es prueba de que la lectura se ha multiplicado en términos generales”, sostuvo.

Añadió, en ese sentido, que la lectura tradicional se complementa con la virtual, “se ha comprobado que muchos lectores que se enamoran de un libro que leen en una computadora o en un dispositivo móvil después buscan en libro físico, así que la tecnología no está peleada con el hábito de leer”.

Al contrario, sentenció, la nuevas herramientas digitales facilitan el ejercicio de leer y escribir; “si revisáramos los ‘WhatssApp’ seguro descubriríamos historias increíbles, de la vida real que bien podrían dar vida a muchos libros”.

La ganadora del Premio Sor Juana Inés de la Cruz 1997 por su novela “Dulce compañía”, exhortó por todo ello a leer sin escrúpulos, “cualquier lectura es buena, nosotros mismos somos jueces de lo que nos agrada leer, pueden ser libros de historia, novelas rosas, política o historietas, todo vale”.

Al hablar de su libro “Pecado”, Laura Restrepo aseguró que se trata de un libro duro porque habla de cómo se relacionan ciertas personas con el mal; un libro sobre pecadores, está el adúltero, la pareja incestuosa, el asesino, una joven que descuartiza a su novio, la autora no juzga sólo cuenta las cosas.

“Yo dejo que el lector sea el que juzgue, sólo pongo a los personajes en su escenario, así que creo que es un reto moral para el lector, quien tiene que enfrentarse a personas atravesando las aguas turbias del mal y cuestionarse qué es lo que hubiera hecho en esas circunstancias”, expresó.

Indicó que se trata de un libro en el que ha pensado toda su vida porque en su calidad de reportera, oficio que también ha ejercido, siempre cuestionaba a las personas a su alrededor que atravesaban situaciones oscuras.

Y es que aunque su carrera como escritora inició cuando tenía 36 años de edad, con la publicación de “Historia de un entusiasmo”, su amor por la lectura y la literatura nació desde que tiene uso de razón gracias a las nutridas bibliotecas personales de sus abuelos y sus padres.

“Los libros siempre estuvieron presentes en mi casa, en mi vida, de niña me daba mucha curiosidad por saber qué decían esas páginas, mi abuelo había sido escritor, mi madre escribía cartas maravillosas, así que estaba claro que ni mi hermana ni yo íbamos a ser matemáticas o bomberas”, concluyó.

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