Juan Gabriel dejó en Chile sus trofeos obtenidos en Viña en 2004

Por Julio Wright. Corresponsal

Santiago, 30 Ago (Notimex).- Corría el año 2007 y, al igual que cada febrero a partir de 1993, me encontraba en la ciudad chilena de Viña del Mar cubriendo para Notimex las alternativas del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar.

Ese año no había ningún artista mexicano en la parrilla de artistas, por lo que la atención estaba puesta en los portorriqueños Ricky Martin y Don Omar, en el canadiense Bryan Adams y los argentinos Gustavo Cerati y Fito Páez, entre otros.

Y es en una de las ruedas de prensa de estos artistas que me encuentro con Oscar Peña, un cantante chileno radicado en Italia desde hace varias décadas que siempre visitaba Viña del Mar como productor de artistas, para asistir al festival y reunirse con sus amigos.

Tras un breve comentario sobre la vida social viñamarina le comento que el festival lamentablemente este año no tenía artistas mexicanos, por lo que obtener noticias con enfoques particulares dirigidos a México sería difícil ese año.

Es en ese momento cuando Peña me comenta algo que muy poca gente sabía: los cuatro trofeos que el mexicano Juan Gabriel había ganado en el certamen de 2004 se habían quedado en Chile y los tenía en su poder una amiga del “Divo de Juárez”, la chilena Lucrecia Olivares.

Se trataba de las antorchas y gaviotas de Plata y Oro que le había dado el público de la Quinta Vergara por su brillante actuación de ese año, en la que sería la última actuación de Juan Gabriel en el escenario viñamarino tras las presentaciones de 1996, 1997, 1998 y 2002.

Gracias a Peña obtuve su teléfono y concerté ese año una entrevista con Lucrecia, una empresaria artística que me recibió en su departamento del centro de Viña del Mar para enseñarme los trofeos que el “Divo de Juárez” había dejado en Chile.

Los cuatro trofeos estaban en un sitio destacado de su departamento, en lo que llamó una “custodia” hasta que Juan Gabriel así lo decidiera en razón de una férrea amistad que tenían desde hace bastantes años.

Lucrecia recordó en aquella oportunidad, en febrero de 2007, que “era tal el griterío (en la Quinta Vergara), y la gente estaba enloquecida por él, que recibió los tres premios, siguió cantando, se despidió del público, y la gente no paraba nunca de gritar ‘Gaviota de Oro’, pese a que los animadores ya estaban en otra parte del show”.

Añadió que la entonces co-animadora del certamen, la chilena Myriam Hernández, detuvo la continuidad del espectáculo que llevaba su compañero Antonio Vodanovic “y le otorgó la Gaviota de Oro a Juan Gabriel, quien ya estaba en su camarín descansando”.

“Le dije que volviera al escenario para recibir la Gaviota de Oro, pero él me dijo que venía desde allá y que le habían mandado la Gaviota para acá (al camarín). Llegaron los productores y la colocaron (el trofeo) en un estante”, señaló Olivares.

Indicó que ella, debido a ese agravio, le sugirió devolver el dorado premio porque se le debía entregar sobre el escenario, pero Juan Gabriel no quiso y decidió dejar sus galardones en Chile “para llevárselos todos juntos a su casa” en el futuro.

La empresaria inició su amistad con Juan Gabriel gracias a que tenían una amiga en común, la cantante chilena radicada en México Monna Bell, quien era una de las mejores amigas del “Divo de Juárez” y que murió en 2008 en Tijuana.

El destino de los trofeos hoy es un misterio. ¿Se los habrá llevado Juan Gabriel en alguna visita posterior a 2007 o seguirán guardados en algún lugar de este país sudamericano?.

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