Harper Lee nunca quiso ser el centro de atención

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ARCHIVO- La autora ganadora del Pulitzer originaria de Alabama Harper Lee, en el Teatro Davis en Montgomery, Alabama en una fotografía de archivo del 10 de enero de 2007, para una función de la adaptación de “Matar a un ruiseñor' inte Harper Lee era una mujer sorprendida como todos los demás por el increíble éxito de “Matar a un ruiseñor”.

“Creo que fue como si me golpearan en la cabeza y quedara noqueada”, dijo Lee, quien murió el viernes a los 89 años, según informó su editorial HarperCollins, durante un entrevista de 1964, en la época en la que todavía hablaba con los medios de comunicación.

“No esperaba que el libro se vendiera en primer lugar. Esperaba una muerte rápida y misericordiosa a manos de los críticos, pero al mismo tiempo deseaba que quizá le gustara lo suficiente a alguien como para que me diera ánimos”.

Quizá “Matar a un ruiseñor” no es la gran novela Estadounidense, pero probablemente es la más conocida obra de ficción de un autor del país en los últimos 70 años, ese libro raro que se encuentra por igual en los salones de clase que entre lectores voluntarios, en todo Estados Unidos e incluso fuera de él.

Lee era elogiada por su estilo sutil y elegante, así como su talento para explicar el mundo a través de los ojos de una niña, pero el secreto del atractivo perenne de su novela era también la variedad de libros que contenía. “Matar a un ruiseñor” es una historia del paso a la edad adulta, un thriller legal, una novela sureña, una historia de época, un drama de clase y, por supuesto, de raza.

“Todo lo que quiero ser es la Jane Austen de Alabama del sur”, dijo alguna vez.

La historia de Lee es esencialmente la historia de su libro, y cómo respondió a él. No era fanfarrona como Norman Mailer, o una misántropa como J.D. Salinger, ni excéntrica ni una genio atormentada. Era una celebridad que no vivía ni se comportaba como tal.

De acuerdo con sus amigos y residentes de Monroeville era una mujer cálida, vibrante y sagaz que jugaba golf, pescaba, comía en McDonald’s, alimentaba a sus patos lanzándoles maíz de un bote de plástico, leía vorazmente y asistía a obras de teatro y conciertos. Simplemente no quería hablar de esto de manera pública.

“Matar a un ruiseñor” fue un éxito instantáneo y se mantuvo así desde su publicación en 1960, a medida que el movimiento por los derechos civiles se aceleraba. Es la historia de una niña apodada Scout que crece en un pueblo sureño durante la época de la Gran Depresión. En ella un hombre de raza negra es acusado injustamente de violar a una mujer blanca, y el padre de Scout, el decidido abogado Atticus Finch, lo defiende a pesar de las amenazas y el desprecio de muchos.

Elogiado por The New Yorker como “experta, sin pretensiones y totalmente ingenioso”, el libro ganó el Premio Pulitzer y fue convertido en una película memorable en 1962, que llevó a que Gregory Peck ganara el Oscar por su papel como Atticus. “Ruiseñor” inspiró a toda una generación de abogados y trabajadores sociales, además de ser asignado en secundarias de todo el país y convertirse en una opción popular para programas de lectura, aunque también era ocasionalmente retirado de los estantes por su contenido racial y las referencias a la violación.

Para 2015 había vendido 40 millones de ejemplares. Cuando la biblioteca del Congreso hizo un sondeo en 1991 sobre los libros que han cambiado la vida de la gente, “Matar a un ruiseñor” estaba en segundo lugar sólo detrás de la Biblia.

Lee se volvió más elusiva a medida que su libro se volvió más famoso. Al principio lo promovía diligentemente, solía hablar con la prensa, escribía sobre él y daba discursos, incluso una vez ante una clase de cadetes de West Point.

Pero comenzó a rechazar entrevistas a mediados de la década de 1960, y hasta casi al final de su vida, evitó firmemente hacer cualquier comentario público sobre su novela o su carrera.

Claudia Durst Johnson, autora de un libro crítico sobre la novela de Lee, la describe como una persona que protegía su privacidad “como otras personas de una generación anterior, que no salían y hablaban de ellos en Oprah o en el programa de Letterman a la menor provocación”. De acuerdo con Johnson, Lee también se quejaba de que los medios de comunicación invariablemente la citaban mal.

Fuera de algunos artículos para Vogue y McCall’s en la década de 1960 y el análisis a un libro de historia de Alabama del siglo XIX en 1983, no publicó ningún libro hasta que sorprendió al mundo en 2015 cuando permitió que viera la luz “Go Set a Watchman”, o “Ve y pon un centinela” en español. Su segundo libro, el cual se desarrolla unos 20 años después de “Ruiseñor”, también es un éxito de ventas.

Lee estuvo en las noticias en otras ocasiones, aunque no siempre de la manera en que hubiera preferido. Se vio involucrada en numerosas batallas legales sobre los derechos de su libro y negó que hubiese cooperado para la biografía, “The Mockingbird Next Door: Life With Harper Lee” de Marja Mills.

Pero en otras ocasiones lo hizo con más agrado. En 2001 escribió una carta de agradecimiento cuando la Biblioteca Pública de Chicago eligió a “Ruiseñor” para su primer programa One Book, One Chicago. En 2007 accedió a asistir a una ceremonia en la Casa Blanca en la que recibió la Medalla Presidencial de la Libertad. Por esas fechas también escribió un raro artículo para O, The Oprah Magazine, sobre cómo se volvió lectora cuando era niña en un pueblo de Alabama en la época de la Gran Depresión, y cómo lo siguió siendo el resto de su vida.

“Ahora, 75 años después en una sociedad abundante donde la gente tiene laptops, celulares, iPods, y mentes como habitaciones vacías, todavía camino lentamente con libros”, escribió.

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