Escritor Martín Kohan promueve su novela “Fuera de lugar”

Por Rodolfo Maldonado López

México, 10 Sep (Notimex).- Sacudir, quitar seguridades, garantías, certezas y dejar al lector expuesto a la aberración, discolocarlo desde una experiencia literaria, es lo que busca el escritor argentino Martín Kohan (1967) con su novela “Fuera de lugar”.

De reciente aparición, el libro de apenas más de 200 páginas tiene como uno de sus propósitos colocar a quien lo lee, únicamente a él, frente a la lectura, a la escritura, a la trama, explicó el autor en entrevista con Notimex.

Detalló que sin que el interés fuera responder a todas las características de la novela policiaca, comparte algunas como tener un caso y la investigación del mismo, así que sí hay algunas marcas que le acercarán más al género policial negro.

Es decir, que no hubiera nunca la perspectiva o posibilidad de que fuera un caso de interés para la policía, para las autoridades, para el Estado, y entonces lo toma un investigador privado aficionado.

Pero el caso, y de ahí el título de la novela, “Fuera de lugar”, pareciera no encajar. Las huellas, su seguimiento y luego la reconstrucción de los hechos se dispersan, no encajan, no tienen aparente conexión.

Las cosas parecen moverse por muchas geografías, las pistas que parecieran haber ocurrido en un punto luego las pruebas de esos hechos concretos aparecen en otro. Así, se mueve todo y el caso parece complicarse. Todo sale mal, dijo.

La base de la novela está construido sobre ese principio de corrimiento de todo, puntualizó.

La novela está construida en cinco partes, todas relacionadas entre sí pero al mismo tiempo con cierta autonomía, pero más bien en la escritura porque las redactó de manera diferente, porque tocan momentos, personajes, hechos del mismo tipo, detalló.

Por ejemplo, en alguna parte la narración es muy fragmentada, en otra es más continua, ensamblada, larga, y el lector se va dando cuenta que las cosas se empiezan a armar incluso más que los mismos personajes. Además, el final de la novela no es el desenlace de la historia, señaló.

El autor argentino dejó en claro que lo que le motiva a la escritura es que algo tenga una posibilidad literaria, y en este caso el problema de la pedofilia le detonó la escritura, pero no en forma de denuncia, sino con el propósito de hablar de la ética, de la fotografía, de la mirada, del internet.

La escritura de “Fuera de lugar”, hace una llamada de atención al lector, a quien le puede molestar o perturbar el tema, pero el autor cuidó la forma de narrar para que no se tratara de una denuncia, ni de aleccionamiento ni de escarmiento.

La historia cuenta la historia de tres personas, dos hombres y una mujer, que únicamente toman fotografías a niños desnudos. Al principio de manera experimental y luego de manera que entran al mercado internacional de la pornografía infantil.

En ese sentido, expuso que imagina a un lector inquieto, descolocado, sacudido, que debe revisar sus premisas para y durante la lectura de la novela, más que aquel que en ella se sienta en un lugar cómodo, confortable.

En cualquier otra novela, si los hechos son perturbadores, depravados, pero existe un narrador que pone las cosas en su lugar, que juzgue y arme el rompecabezas, el lector no se sentirá fuera de lugar, seguirá en su zona de confort. En este libro eso no pasa.

Los personajes mismos están fuera de lugar, son personas normales, no tienen rasgos de perversión; toman fotografías de los niños desnudos, sí, pero no los tocan y mucho menos abusan de ellos. Incluso en su conciencia tienen claro que no están haciendo nada malo, apuntó.

Pero el lector sabe que sí están haciendo algo más, sabe que la mirada es una acción sobre el otro, fotografiar, montar una escena para esa imagen es invadir al otro, y en eso hay una parte que le interesó analizar: el poder de la mirada y de la fotografía.

En el tiempo, la novela se coloca en ese arco que va de la caída del muro socialista a la explosión de internet, que significó el rompimiento de las escalas, en el que cada parte, en cada lugar están todos. Desde cualquier computadora se puede ver y “estar” en el mundo.

Al respecto, Kohan comentó que esta idea tiene que ver con “El Aleph”, de Jorge Luis Borges, y mencionó que en una página de su novela hizo un guiño, un pequeño homenaje al cuento del también escritor argentino.

Nacido en Buenos Aires en 1967, Martin Kohan es catedrático de Teoría Literaria en la Universidad de la capital argentina y en la de la Patagonia; ganó el Premio Herralde de Novela en 2007 con “Ciencias morales” y ha publicado también “Cuentas pendientes” y “Bahía blanca”.

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