Dulce María, una joven que inspiró a crear libro para sordos en México

*Casi 700 mil personas mexicanas tienen discapacidad auditiva

*“Mi cuaderno de lectoescritura y señas” enseña español a personas sordas

Naucalpan, Edomex., 28 Ago (Notimex).- En la cocina de la familia Pontón Rodríguez hay un ambiente de armonía que, al abrir la puerta que conecta con el comedor, sale para extenderse en el resto de la casa. Ahí está Dulce María, una joven risueña que padece sordera, parálisis cerebral y artritis.

Ella cumplirá 25 años en septiembre y tiene bastantes motivos para festejar porque dejó atrás la resignación y, con su ejemplo de vida, inspiró a sus papás para encontrar otro camino en el paradigma educativo: “Mi Cuaderno de Lectoescritura y Señas”.

Se trata de un libro didáctico para que los sordos puedan acceder de manera fácil y sencilla a la lectura y escritura asociado con la Lengua de Señas Mexicanas (LSM), uno de los principales retos que enfrenta este sector de la población en México.

Esto porque, a menudo, los niños y jóvenes sordos son relegados de la oportunidad de recibir una educación de calidad que incluya el aprendizaje de LSM.

La sordera es una discapacidad que afecta a casi 700 mil personas en México, según el último Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Estos datos colocan a la discapacidad auditiva en tercer lugar a nivel nacional, con 12.1 por ciento, tan solo después de la vista, 27.2 por ciento; y caminar o moverse, 58.3 por ciento.

Sin dejar de preparar huevos revueltos y cortar melón, que después acerca a la mesa, la mamá de Dulce María y autora del libro, María Elena Rodríguez Alcantara, comenta que su hija fue víctima de una negligencia médica al nacer, lo que le causó enterocolitis necrosante -muerte del tejido intestinal-.

Explica que el problema surgió porque a la menor no le trabajó el intestino. “Me dijeron que la iban a dejar en ayuno hasta que por sí solo (el intestino) trabajara, pero algún médico del Instituto Nacional de Perinatología ordenó darle alimento por vía oral”, expone.

También, indica, la pequeña se contagió de meningitis y tuvo otros problemas de salud que, en conjunto, le provocaron una parálisis cerebral, sordera bilateral profunda y tiempo después desarrolló artritis en ambas extremidades.

“Al final pudo estabilizarse y, cuando nos la entregaron, los médicos comentaron que no sabían si veía y lo más probable es que tampoco iba caminar. Nos pidieron tratar de darle calidad de vida porque no creían que iba a pasar de cinco años”, comenta, y después bebe un poco de café.

La vocal fundadora de Ándale para Oír, Padres de Niños Sordos, Lourdes Morales Soto, señala que la hipoacusia se clasifica en leve, moderada, severa y profunda, de acuerdo al grado de intensidad y del momento de la pérdida auditiva, es decir, antes y después del desarrollo del lenguaje (prelocutiva o postlocutiva).

Dulce María padece sordera bilateral profunda y le es posible detectar sonidos por arriba de 100 decibeles, como la intensidad de la música dentro de una discoteca.

La experta acota que estas personas sordas enfrentan problemas en el desarrollo del lenguaje y para adquirir algún tipo de conocimiento o habilidad cognoscitiva -percepción, memoria y aprendizaje-, pues tienen dificultades para integrarse a cualquier ámbito sonoro.

Apunta que en ellos es necesaria una rehabilitación constante, tanto del dispositivo auditivo como de mucho trabajo de lenguaje en casa. “A un bebé sordo, por ejemplo, deben repetirle una palabra al menos mil 500 veces en el mismo contexto, en comparación con las 500 para un pequeño en mejores condiciones de salud”.

Para la especialista de dicha asociación es indispensable el compromiso de la familia como pilar fundamental en la rehabilitación del menor. “Al conjugarse todos estos factores, como las patitas de una mesa para sostenerse, el niño sordo tarda siete años, en promedio, para desarrollar el lenguaje oral”.

Aunque los niños sordos, al igual que otros menores, tienen derecho a una educación de calidad, la familia Pontón Rodríguez halló diversos obstáculos para apoyar en el aprendizaje de Dulce María.

“A nosotros nos recomendaron llevarla de una escuela regular para escuchar a los niños y ella aprendiera hablar, a una de lengua de señas u otra de oralización”, acota la autora del libro.

Al final, abunda, los padres de familia eligen el modelo educativo más conveniente para sus hijos, sin embargo, los profesores carecen de una buena formación para recibir y atender a estos “niños especiales”.

Después de 14 años de intentos, dice Rodríguez Alcantara, buscaron otras opciones para escolarizar a su hija, empero, los sordos utilizan aquellos libros diseñados para oyentes y sufren para entender las instrucciones o el significado de la palabra escrita.

Ello impide a quienes tienen discapacidad auditiva, sobre todo a los que perdieron el oído antes de haber adquirido el lenguaje, comprender el significado de lo que escriben y leen porque los maestros pretenden ayudarlos sin primero enseñarles LSM.

“Yo decía: Si yo no sé lenguaje de señas y ella no sabe español porque nunca lo ha escuchado, cómo nos vamos a entender y cómo la voy a poder apoyar”, expone.

Ante la necesidad urgente de ayudar a Dulce María, la señora encontró en sus otros dos hijos -Daniel y Mariana- la motivación para acabar la licenciatura en Educación Preescolar y después cursar un diplomado en Logogenia, un método para estimular la adquisición del español en las personas sordas.

Así, con el apoyo moral y profesional de su esposo, el diseñador gráfico René Pontón Zúñiga, y la asesoría de maestras, pedagogas y lingüistas, Rodríguez Alcantara trabajó 15 años para dar vida a su “cuarto hijo” llamado “Mi Cuaderno de Lectoescritura y Señas”, el primer texto de lectura y señas en español para sordos en México.

La autora detalla que el material pedagógico vincula la seña, la imagen y la palabra escrita bajo un contexto específico, lo que permite al sordo aprender a través de la vista, principalmente, porque es su mayor recurso.

Resalta que la obra es de gran ayuda para los maestros, tanto de escuelas regulares como inclusivas, porque está basada en los Planes y Programas de estudio de la educación básica 2011 que marca la Secretaría de Educación Pública (SEP) y trabaja en 11 áreas en particular, por ejemplo, la alimentación, el cuerpo, los animales, la comunidad y la higiene.

Además, el libro cuenta con la aprobación de un grupo de sordos del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de la Ciudad de México y de otras asociaciones que lo utilizaron antes de su distribución en las librerías de Editorial Trillas.

Hoy, Dulce María es una joven apasionada por los caballos, alegre, optimista, terca y amiguera, sobre todo en Facebook y Skype; y es bilingüe al dominar el español y la Lengua de Señas Mexicanas. Estas cualidades le han permitido romper barreras y pronósticos médicos para ser autosuficiente en cada uno de sus quehaceres.

“Es un ser energético, espiritual y fuerte que ha sostenido esa materia frágil por tantos años. Es, sin duda, un ángel”, resalta su papá René, quien llegó a casa tras haber impartido clases en la Universidad Mexicana.

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