Disminuye herencia genética africana en península yucateca

Mérida, 27 May (Notimex).- La influencia de las razas afrodescendientes en la zona maya de la Península de Yucatán sólo se percibe en el presente en algunos rasgos fenotípicos de la población ya que la mayoría de ellos, migró de la región al estallar la Guerra de Castas, señaló el especialista Jorge Victoria Ojeda.

El integrante del Centro de Investigaciones Regionales de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) recopiló los relatos y documentos que ubican a una de las poblaciones afrodescendientes más grandes de la zona peninsular en el oriente esta entidad.

Se trata de uno de los asentamientos más importes y estuvo en una zona conocida como San Fernando Aké, expuso en entrevista para Notimex.

“San Fernando Aké se funda a inicios de 1796, no era gente que haya sido traído como esclavos sino que el rasgo particular de ellos es que era gente que había participado en la primera revolución en Haití”, indicó.

Se habían aliado a España y tras perder la guerra contra la Convención Francesa salieron de la isla”, subrayó, el entrevistado.

“Llegaron en condición de vasallos aunque se les mencionaba cono negro-franceses, fueron distribuidos en varios puntos del territorio que en ese entonces era una colonia española”, expuso.

De ese modo, continuó, un grupo de éstos llegó a la región de Campeche y de ahí, el entonces Capitán General a Intendente de Yucatán Arturo O’Neill y O’Kelly los envía a un punto de Tizimín, en el oriente yucateco.

Su presencia si llegó a generar una influencia en las poblaciones mayas, no tanto por sus particularidades culturales, sino por su gran talento para la agricultura, eran muy buenos cultivando el maíz, el cual sin duda es hasta hoy un recurso muy preciado en las comunidades mayahablantes, añadió.

“Ellos convirtieron la región oriente en una especie de granero del estado y su densidad poblacional empezó a crecer por ellos mismos, y por el arribo de afrodescendientes que llegaron de Belice”, subrayó.

Empero, al estallar la Guerra de Castas en 1847, la gran mayoría decide irse a Belice, por lo que salvo algunos que ya habían formado lazos de parentesco decidieron quedarse y que al mezclarse con la población local, se unen al proceso de mestizaje.

“Ahora sí que lo que quedó de ello, los tenemos en nuestros rasgos mestizos, porque en realidad no dejaron una herencia cultural muy significativa, y otros investigadores han señalado que lo negro lo tenemos en nuestra genética”, abundó.

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