Disciplina, estrategia de médicas que son madres y jefas de familia

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Mary Chávez. Corresponsal

Zacatecas, 8 Mar (Notimex).- El ejercicio de la medicina es sumamente extenuante y se intensifica si se es madre y jefa de familia, por ello la disciplina y la organización son estratégicas para cumplir en el trabajo y casa, afirma la anestesióloga Laura Angélica Chávez Contreras.

Esta reconocida profesionista, originaria del municipio de San Juan de los Lagos, Jalisco, forma parte del 25 por ciento de los hogares que en México tienen jefatura femenina, ya sea por divorcio, separación, soltería o viudez, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Su comienzo profesional no fue fácil, pues mientras estudiaba se casó y tuvo dos hijas: Diana, de 19 años, y Vanesa, de 17. Desde que concluyó su formación académica comenzó a laborar y algunos años después llegó su hijo, Juan Diego, de 9.

Divorciada desde hace seis años, es la única responsable de la manutención de su familia y para cubrir todas las necesidades económicas se vio obligada a conseguir dos trabajos, en los que permanece: Secretaría de Salud e Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Eso le implica una gran carga de trabajo, en especial si se toma en cuenta que debe hacer guardias nocturnas. Además, permanentemente debe estudiar y tomar cursos para actualizarse en los avances médicos, tan vertiginosos en los tiempos modernos.

Pese a todo el esfuerzo que debe dedicar a su trabajo, la doctora se dice satisfecha, porque cada vez que sale a laborar sabe que va a ayudar a alguien y, que al mismo tiempo, va a conseguir el sustento a su casa.

En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, fue cuestionada sobre las dificultades que todos los días enfrenta como mujer, madre, jefa de familia y profesionista, a lo que respondió: “es difícil, pero sí se puede”.

Desde su experiencia, la disciplina y organización son la clave para cumplir en todo, comentó en entrevista exclusiva para Notimex durante su estancia de tres días en la capital zacatecana, a donde asistió para participar en un congreso médico de su especialidad.

Refirió que el apoyo de la familia es esencial para lograr el éxito. Como ejemplo señaló que cuando debe hacer guardias nocturnas, dos veces por semana, desde un día antes se organiza con sus hijas e hijo para dejar todo listo en casa.

Además, esas noches la abuelita se queda a dormir en la casa y el teléfono móvil se ha convertido en una herramienta indispensable, dado que constantemente llama para mantenerse en contacto.

Los fines de semana son intocables para ella. Es cuando aprovecha para estar con sus tres vástagos, pasear y convivir al máximo como la gran familia que son.

Mientras por un lado debe resolver las situaciones que se presentan en su casa, por el otro también debe hacerlo en el trabajo, donde reconoce todavía existe desigualdad entre mujeres y hombres.

La especialista jalisciense también es ejemplo del incremento en el número de mujeres que ejercen la medicina en México, en la cual se desarrolla desde hace 21 años, cuando egresó de la Facultad de Medicina de la Universidad de Guadalajara (UdeG), de los cuales 15 los ha ejercido como anestesióloga.

“Los directivos de los hospitales a las mujeres nos exigen más; son más severos con las médicas que con los médicos”, manifestó al expresar que ella ha tenido que dar un mayor esfuerzo, tiempo y trabajo para demostrar su capacidad y profesionalismo.

Las médicas todavía enfrentan dificultades para ejercer la profesión. Claro, menos que en el año 350 Antes de Cristo, cuando en la antigua Grecia Agnocide se convirtió en la primera mujer del mundo en estudiar medicina y para ello tuvo que vestirse de hombre.

Las experiencias de la doctora Chávez Contreras también nos remontan a 129 años atrás, en 1887, cuando Matilde Petra Montoya Lafragua, enfrentando todos los esquemas misógenos de la época, se graduó como la primera médica de México.

Tanto Agnocide como Matilde estudiaron medicina para atender a las embarazadas, ya que los esposos no querían que fueran revisadas por hombres. Esa actitud en pleno siglo XXI no ha cambiado: Todavía muchos hombres no quieren que sus esposas sean atendidas por médicos, afirmó la entrevistada.

Ante esa situación, expresó su satisfacción por aliviar el dolor de los pacientes, ya sea durante las intervenciones quirúrgicas o a las mujeres cuando dan a luz.

Como anestesista vive momentos de mucho estrés cuando asiste a un médico en una intervención, sobre todo cuando el paciente tiene factores adicionales de riesgo, como diabetes o problemas cardiacos, por mencionar algunos.

Sin embargo, al poner en la balanza los resultados en su casa y en el trabajo, afirmó que cuando ve a sus hijas e hijo con una sonrisa y al paciente sano “te das cuenta que todo valió la pena”.

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