Se cumplen nueve años sin el arquitecto colombiano Rogelio Salmona

México, 2 Oct (Notimex).- Considerado como uno de los arquitectos más importantes del siglo XX en América Latina, el colombiano Rodrigo Salmona dejó honda huella a partir de sus obras y reflexiones, que a lo largo de varias décadas ayudaron a formar a centenares de colegas en todo el mundo.

Hijo de padre español y madre francesa, Salmona nació el 28 de abril de 1929, en París, Francia, pero a finales de 1931 su familia viajó a Bogotá, Colombia, donde se estableció definitivamente.

De acuerdo con el portal de la Fundación que lleva su nombre, el arquitecto mantuvo una serie de inquietudes, intenciones y propuestas de carácter universal que logró enfrentar desde su ámbito local.

Después de abandonar sus estudios en 1948, Salmona partió a París donde trabajó nueve años al lado del gran maestro europeo Le Corbusier (1887-1965), colocándose al frente de un grupo de arquitectos preocupados por la función social de la arquitectura.

El portal “El poder de las letras” destaca que en 1958 volvió a Colombia para continuar sus estudios en la Universidad de los Andes, donde obtuvo el título de arquitecto en 1962 y casi de inmediato se instaló en Bogotá, donde comenzó a construir su trayectoria.

Rogelio Salmona se interesó a partir de la aceptación de los principios del movimiento moderno que se estaba desarrollando en Europa, en la búsqueda de una síntesis que tuviera en cuenta el legado cultural colombiano y las técnicas constructivas autónomas.

Según el blog especializado en arquitectura “Propuestas in Consulta” en esa época destacó la orientación de la obra de Salmona hacia el conocimiento de la tradición de su país.

Para Salmona, la arquitectura no era sólo un hecho estético y técnico, sino una expresión cultural. Por ello construyó edificios perdurables, sólidos y estables que permitieron la apropiación colectiva e identificación de sus habitantes con la arquitectura.

El arquitecto colombiano fomentó la utilización plástica de materiales de factura artesanal como el ladrillo, la piedra y el hormigón, lo cual respondió de manera responsable a las características de la construcción en Colombia, provocando la mano de obra especializada.

Entre sus obras destacan: La Casa de Huéspedes Ilustres, en Cartagena (1978-1986), el Museo Quimbaya en Armenia (1988); la sede de la Fundación FES en Cali (1990); el Archivo General de la Nación (1994) y su obra más significativa corresponde al conjunto residencial El Parque, en Bogotá (1965-1972).

El arquitecto e historiador Alberto Saldarriaga resalta los últimos diseños de Salmona como “una arquitectura de los espacios de transición”, en la que “la espacialidad se trabaja con la idea de generar umbrales, filtros espaciales, mediadores entre el interior y el exterior, entre lo público y lo privado”.

A lo largo de su trayectoria, Rogelio Salmona recibió en cuatro ocasiones el Premio Nacional de Arquitectura de Colombia y en 2003 se convirtió en el primer latinoamericano en recibir el galardón finlandés “Alvar Aalto”, considerado uno de los más importantes en el mundo.

El 3 de octubre de 2007, el arquitecto colombiano murió a causa de un cáncer que le detectara un año atrás, cuando conmemoraba 50 años de trayectoria, con una muestra retrospectiva que sus amigos y discípulos montaron en su honor, la cual ha estado en Bogotá, París y Roma.

De acuerdo con el portal Arquitectura Moderna-Visión Contemporánea, para Salmona la arquitectura era poesía, “algo muy sentido que se traduce mediante una metáfora construida”.

Según el arquitecto, “la arquitectura no se debe hacer en cualquier parte. Hay que hacerla en lugares precisos, característicos, donde haya connotaciones afectivas importantes. No tanto pensando en cómo la gente vive los lugares, sino en cómo desearía vivir en ellos”.