Cruce de Otay será nuevo modelo fronterizo de cooperación México-EUA

Por Rubén Barrera. Corresponsal

Washington, 15 Jun (Notimex).- México y Estados Unidos podrían crear un nuevo modelo de cooperación para el desarrollo de infraestructura a partir del cruce entre Tijuana y San Diego, dijo el director del Banco Norteamericano de Desarrollo (NADBANK), Gerónimo Gutiérrez.

“Existe la posibilidad de que Otay II sea un proyecto parteaguas en términos de puertos de entrada”, dijo el funcionario sobre la garita que ambos países acordaron construir en 2014 y que se espera poner en operación en 2017.

Al hablar aquí en un foro organizado por el Centro Woodrow Wilson, Gutiérrez dio a conocer que la infraestructura de ese nuevo cruce fue diseñada y planeada por los dos países “y eso es algo bueno porque implica que podemos optimizar la infraestructura”.

“Probablemente vamos a tener agentes compartidos en los dos lados (de la frontera), con el país importador haciendo otro trabajo, y si eso pasa, va a cambiar el terreno de juego”, indicó sin abundar detalles.

El proyecto también incluye el establecimiento de un sistema de monitoreo de tránsito en las regiones de Tijuana y San Diego.

Gutiérrez consideró que este proyecto, con el que se espera aliviar uno de los cruces más congestionados de la frontera México-Estados Unidos, “puede ser un logro histórico en términos de cómo construimos puertos de entrada, cómo los planeamos”.

El nuevo cruce contará con 27 carriles para el ingreso a Estados Unidos de vehículos procedentes desde México y ocho para el tránsito hacia México, y tendrá un costo calculado entre 60 y 150 millones de dólares.

La construcción del nuevo cruce se enmarca en el Programa Nacional de Infraestructura 2014-2018 de México, y está concebido como un puerto fronterizo de alta tecnología para vehículos ligeros y de carga con el que se espera reducir el tráfico a través de la garita Otay I.

La nueva garita será concesionada y será construida con inversión pública y privada, algo que de acuerdo con Gutiérrez, refleja la insuficiencia de recursos por parte de los gobiernos de ambos países para responder a los retos de infraestructura que presenta la frontera.

“Se va a necesitar la participación del sector privado. Simplemente no existe dinero suficiente, ya sea en Estados Unidos o México, para financiar todo lo que se necesita en términos de infraestructura y puertos de entrada”, dijo.

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