Costa de Marfil, mina de oro para industria musical con el coupé-décal

Por Luca Pistone. Enviado

Abiyán, Costa de Marfil, 22 May (Notimex).- El coupé-décalé es la música que da ritmo a un baile popular que nació de la diáspora marfileña en París; tiene como base melodías simples, acompañadas de un sostenido ritmo de percusión y de coros pegadizos, que se ha extendido por todo el continente africano y en el que casas productoras han invertido grandes sumas.

Con buen olfato, esas empresas desembolsan cantidades ingentes de dinero en equipos modernos para la realización de los videos musicales de los artistas que se dedican al coupé-décalé, gracias a los cuales Costa de Marfil se ha convertido en líder indiscutible de la industria musical de toda África.

Después de darse a conocer en Francia, el género musical se ha extendido como la pólvora por Costa de Marfil y toda África Occidental hasta llegar a todo el continente. Su nombre se forma por los verbos franceses couper (cortar) y décaler (mover), y podría traducirse grosso modo como “escaparse”.

Se ha interpretado como una reflexión sobre los astutos pero elegantes jóvenes marfileños que, en el apogeo de la guerra civil de Costa de Marfil, en 2002, huyeron a Francia, donde hicieron fortuna como DJs en los suburbios de París. Entre los fundadores del coupé-décalé se encuentran los Magic System, Les Garagistes, Cheela, DJ Jacob y Bloco.

En París, durante un concierto o un espectáculo, para ganarse al público el cantante se sacaba billetes de los bolsillos y los lanzaba a las primeras filas de espectadores. Esta manera de complacer a los espectadores tuvo un desarrollo posterior: los artistas, entre sus canciones, nombraban a las personalidades presentes en la discoteca como un pequeño homenaje.

El coupé-décalé no tardó mucho en despegar en Costa de Marfil: con la furia del conflicto, paulatinamente cobró popularidad. Con el toque de queda, los locales nocturnos cerraron y los marfileños empezaron a salir a bailar por la mañana. Cuanto más se reprimía la vida cotidiana, más fuerte era el deseo de liberarse de los problemas causados por la guerra. Y esto era exactamente lo que el coupé-décalé, el baile de máxima despreocupación, permitía hacer.

El coupé-décalé se caracteriza por un canto repetitivo sobre una base rítmica rápida y espasmódica. Al principio las letras de las canciones eran superficiales, ingeniosas e irreverentes. Para muchos jóvenes escuchar esta música fue una forma de evadirse de la realidad. Pero el género fue madurando y las letras se volvieron cada vez más inteligentes y ricas en dobles sentidos.

El baile que acompaña al coupé-décalé es un movimiento incompleto de los brazos hacia delante, como si se estuviese nadando. La mano derecha de vez en cuando hace el gesto de “cortar”, y al mismo tiempo se hace rebotar en las piernas, que se doblan hacia atrás, como si se caminase con un paso descoyuntado.

Al igual que cualquier tipo de música que se precie, las canciones coupé-décalé también van acompañadas de videos musicales que poco tienen que envidiar a los que se graban en los mercados más famosos de Estados Unidos. El coupé-décalé no destaca por la sencillez de sus intérpretes, por lo que en los videos aparecen grandes coches de alta cilindrada con colores brillantes, chicas provocativas y actitudes de matones.

Charles D’Aix comenzó sus actividades de producción de video hace dos décadas en un garaje de Cocody, un barrio de Abiyán, la capital económica de Costa de Marfil. Rápidamente intuyó la oportunidad de dar impulso a su carrera gracias al coupé-décalé:

“Estamos en un país en el que, hasta no hace mucho tiempo, la competencia en el mundo de los videos era casi inexistente. Pedí un préstamo bancario y compré el equipo adecuado para realizar los primeros videoclips de los artistas emergentes del coupé-décalé”, comenta D’Aix.

“Hemos tenido la suerte de trabajar con diferentes artistas. El artista viene a nosotros, escuchamos su canción y juntos hacemos una valoración general: tratamos de averiguar qué escenificación iría bien, le hacemos escuchar la canción al cameraman y al director y en base al guión gráfico hacemos las secuencias y el montaje.

“Podemos grabar durante dos días y tomarnos una semana para hacer el montaje. Es el tiempo suficiente para crear un video bien hecho, con los estándares actuales, en HD, con el uso de drones. Para hacer un videoclip de buena calidad partimos de un precio que oscila entre los 500 mil y el millón de francos (entre 15 mil y 30 mil pesos)”, explica.

En la First Factory, la productora de messier D’Aix, Jimmy James ha trabajado durante varios años, es miembro del famoso grupo de coupé-décalé Tour 2 Garde y fundador de la Agence D-Light, especializada en videos musicales. En poco tiempo Jimmy, de 34 años, ha creado un pequeño imperio y hoy en día los Tour 2 Garde son conocidos en toda África: “Todo comenzó en 2006, cuando canté en público por primera vez. En esa época hacía hip-hop, pero no era el tipo de música adecuado para mí”.

“La música y la cámara siempre han sido mis dos grandes pasiones. Y cuando me di cuenta de que esas dos artes podrían fusionarse empecé a cosechar los primeros frutos. Colaboraba con la First Factory como freelance, de operador y de ajustador. Quería dar el salto y convencí a mi padre para que me prestase cuatro millones de francos (120 mil pesos) para poder comprar las cámaras y las luces”, recuerda.

“Tenía las canciones listas desde hacía algún tiempo, y por tanto, lo que hice fue realizar yo solo mis primeros videos. Después de subirlos a YouTube el éxito llegó rápidamente. Desde entonces no hago otra cosa que invertir en equipos de video de una calidad altísima. Me he especializado en tomas con drones, que ahora están muy de moda”, continúa Jimmy.

Actualmente Jimmy vive en una bonita casa de dos pisos en Deux Plateaux, un rico distrito residencial de Abiyán. Hace poco compró un cobertizo de 300 metros cuadrados que utilizará como estudio para sus videoclips.

“En Costa de Marfil un artista independiente, si tiene una buena canción, incluso puede pedir un caché de 5 millones de francos (unos 156 mil pesos) por hacer un espectáculo, por cantar tres o cuatro canciones. Con el coupé-décalé es fácil hacer dinero, y si eres bueno puedes hacer mucho. Yo cuido todos los detalles: hago yo mismo los cástings para bailarinas y bailarines, y escojo yo la ropa que se ponen y los coches que se tienen que alquilar”, explica el artista.

Y concluye: “El tipo de música que hacemos se escucha en todo el mundo. Incluso en Dubai. A veces recibo mensajes de personas de fuera de África que escuchan mis canciones y piensas: ‘Wow, ¿qué está pasando? El video ha sido visto tres millones de veces’. El coupé-décalé se escucha en todas partes. Costa de Marfil es el cruce de la música africana. Si una canción tiene éxito aquí, entonces tendrá éxito en todo el continente. Puedes estar seguro”.

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