Convento de Actopan, maravilla de herencia indígena y agustina

Por Javier A. Martín. Enviado

Actopan, Hgo., 5 Sep (Notimex).- Considerado como una de las tres joyas arquitectónicas de Hidalgo, debido a su estilo novohispano del siglo XVI, y como el monumento histórico más importante del estado, el convento agustino de San Nicolás Tolentino ha sido sede de cuarteles militares, hospitales y escuelas.

Y aunque al paso del tiempo la edificación ha tenido distintas transformaciones, el conjunto de más de 52 mil metros cuadrados conserva el aspecto que debió tener en la época colonial.

Las crónicas atribuyen esta construcción al prior fray Andrés de Mata, quien habría recurrido a la subvención de los indígenas principales Juan Mica Atocpa y Pedro Ixcuinquitlapilco para edificar dicho monumento.

La aportación de estos caciques indígenas no sólo fue económica, ya que además facilitaron a la congregación mendicante de los agustinos la mano de obra indígena que hiciera posible su construcción.

Este convento consta de tres grande partes: la primera es el atrio y la capilla abierta; la segunda es el convento y la nave de la iglesia; y la última que corresponde a los servicios como la caballería y el huerto.

Una de sus características principales es la pintura decorativa que se encuentra por muros y paredes, lo mismo en el interior que al exterior.

Al respecto, el arquitecto Luis Corrales, uno de los principales estudiosos de la arquitectura monástica en Hidalgo, refiere las diferencias en el discurso pictórico.

“Las pinturas que adornan el interior del convento estaban dirigidas a los religiosos, y se consideran un devocionario, ya que reflejan la historia de la congregación”.

Mediante retratos de San Agustín; su madre, santa Mónica de Hipona, así como destacados miembros de la hermandad que aparecen en poses de lectura, estudio o meditación, este tipo de pinturas servían para recordar a los religiosos cuáles eran sus antecedentes en Europa y en las misiones que tuvieron durante varios siglos.

Mientras, los murales ubicados en la iglesia y el atrio de la capilla abierta dan cuenta de diferentes pasajes bíblicos como el de Adán y Eva, la expulsión del paraíso, el diluvio universal, la vida de Cristo, Job y la ballena, entre otros.

En estos espacios destacan especialmente escenas dantescas del infierno y la tortura a los condenados, las cuales tenían la función de servir como apoyo visual para la evangelización de los indígenas.

Debido a las diferencias lingüísticas entre monjes e indígenas, se considera que estas pinturas jugaron un papel fundamental en la catequización. Quizá por ello el atrio abierto del convento, considerado el segundo más grande del mundo, abunda gráficamente en los tormentos del infierno.

Todas las pinturas del convento se realizaron a fines del siglo XVI y principios del XVII, cuando un equipo de pintores anduvo recorriendo los conventos alojándose en ellos durante meses o años, supervisando y dirigiendo las labores de pintura apoyados por indígenas.

Por la amplitud de sus murales y la combinación de estilos arquitectónicos, el convento de San Nicolás Tolentino es considerado uno de los mayores ejemplos de arte novohispano del siglo XVI.

Sus columnas, arcos, bóvedas, patios, atrios y murales refractan siglos de historia, ya que, a decir del especialista Luis Corrales, su arquitectura incorpora elementos de estilo plateresco, morisco, mudéjar, gótico, románico y renacentista.

La magnitud del convento y sus múltiples detalles revelan que, desde un principio sus constructores “tuvieron en mente la realización de una obra que fuera trasunto sin igual de sus aspiraciones o ideales de evangelización en estas tierras recién conquistadas”, así lo considera Guadalupe Victoria en su ensayo “La portada de la iglesia de Actopan”.

Esta mega obra se encontraba terminada tan solo 81 años después de la llegada de los españoles a América (1492), y fue iniciada tan sólo 15 años después de la llegada de la congregación de los Agustinos a la Nueva España en 1533.

A simple vista se puede constatar que el estado de conservación de los murales del convento presenta un gran deterioro en algunas pinturas y relieves de piedra, sin embargo, en opinión de Luis Corrales, no se ha perdido la gran majestuosidad del edificio.

Para su conservación, afirma, son necesarios además de un mantenimiento minucioso, la conformación de un consejo especializado que autorice las restauraciones, modificaciones e intervenciones que se realicen.

Estas serían, en su opinión, las medidas necesarias para garantizar la correcta preservación de éste, que fue declarado monumento artístico e histórico de México en 1933, y que es visita obligada de quienes acuden por vez primera al municipio de Actopan, en Hidalgo.

El convento agustino de San Nicolás Tolentino, en Actopan, Hidalgo, está considerado, junto con los de Ixmiquilpan y de Meztitlán, como las tres principales joyas arquitectónicas de toda la entidad.

NTX/JMG/VGT/AJV/TURISMO15

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