Con manos y corazón artesanas indígenas buscan vivir con dignidad

Por Guadalupe Pineda Gutiérrez

Durango, 8 Ago (Notimex).- Llegan tepehuanas, coras, tarahumaras y cholas a la ciudad de Durango, expulsadas por la violencia y la miseria del Mezquital y de las fronteras con Jalisco, Chihuahua y Nayarit.

Llevan a sus hijos sobre sus hombros y su cultura ancestral en su corazón y en sus manos, capaces de crear bellas piezas artesanales para vivir con dignidad.

Estas mujeres indígenas son madres solteras que arriban a Durango y viven en la calle, venden sus artesanías pero son vejadas, humilladas y a veces asaltadas, por lo que recurren en última instancia a mendigar para mitigar el hambre de su familia.

Este es el panorama que observó la presidenta de la fundación Semillas Durango, Janete Payán Bustamante, luego de iniciar la asociación hace 10 años.

En entrevista telefónica, Payán indicó que “cuando empezamos atendíamos a mujeres y niños víctimas de la violencia, pero luego de desarrollar un proyecto en el que recorrimos 20 colonias de la periferia, me enfrenté a una realidad que me dolió, la miseria y el hambre de las mujeres indígenas y sus hijos”.

“Existen niños en Durango que pasan todo el día sin probar alimento y hay jovencitas que con 20 años de edad ya son madres de cuatro hijos”, expresó.

En la actualidad la fundación atiende en su totalidad a 240 niños indígenas en condición de vulnerabilidad y a sus madres, con apoyo en alimentación, salud y educación.

Además, la organización proporciona albergue a 30 niños que duermen en este lugar y se construye una casa hogar para 60 menores.

En tanto, las madres son albergadas en la comunidad y reciben alimentación, ropa y son atendidas en su salud, señaló.

“A las mujeres les proporcionamos el material para que ellas creen piezas en joyería, calzado y accesorios, con el fin de que desarrollen su creatividad”, indicó.

Manifestó que las “artesanas son mamás y se encuentran en condiciones de extrema pobreza, al llegar a la ciudad no tienen apoyo y se les ve en las calles con sus hijos pidiendo limosna”.

Expuso que las identifican y “les damos un lugar donde dormir y apoyos como atención médica. Debieron dejar su lugar de origen por la pobreza, la enfermedad y la violencia”.

Se trata de mujeres dañadas física y psicológicamente, por lo que se pone en marcha un proceso para integrarlas a una nueva dinámica y “que regresen a elaborar sus artesanías, pues son poseedoras de un conocimiento ancestral y una riqueza que pertenece a su cultura”.

Payán destacó que “les proporcionamos el material y una vez que tenemos las piezas las promovemos y vendemos en una tienda virtual, lo que se recauda se entrega a ellas para que puedan ofrecer una mejor calidad de vida a sus hijos”.

Son piezas en chaquira, pedrería y telas, entre otros materiales, que reflejan la sensibilidad de las diversas culturas que habitan en el norte del país.

Las piezas de joyería tienen un precio de hasta 800 pesos y las adquieren los duranguenses que viven en Europa o Estados Unidos, refirió la entrevistada.

Expuso que hay un proyecto para capacitar a las artesanas, con el fin de que sus productos tengan calidad de exportación.

Los habitantes de la entidad tienen “cada día una mayor consciencia en pagar un precio justo por las artesanías. En la calle la gente está acostumbrada a regatear y obtienen un precio por abajo al costo de producción”, dijo.

Agregó que ahora los duranguenses están orgullosos y le dan su valor al arte indígena.

Por su parte, los niños integrados al programa Semilla Durango reciben alimentación, atención médica y un programa educativo de adaptación a la escuela “pues muchos no hablan español”.

Los atiende una profesora indígena bilingüe en un salón multigrado, que les enseña en o´dam, lengua de los tepehuanos. Una vez que saben castellano, leer y escribir van a la escuela regular y se da un seguimiento hasta que terminen la educación básica.

En la fundación hay diferentes campañas para obtener apoyo, distintos sectores ayudan como las escuelas, colegios de profesionales, empresas, además de un programa de apadrinamiento mediante el cual con una aportación mensual de 100 pesos, pueden saber de los avances y estar en contacto con la evolución de los niños.

Los Tepehuanos forman el grupo más numeroso en Durango y viven en la región de la Sierra, en los municipios de Mezquital, Pueblo Nuevo, Guanaceví, Súchil y Vicente Guerrero.

En tanto, la cultura cora se ubica básicamente en Nayarit y llega a los estados de Jalisco, Zacatecas y Durango y los tarahumaras habitan en Chihuahua, pero es el cuarto grupo indígena de Durango en cuanto a población, en los municipios de Guanaceví, Ocampo y San Bernardo.

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