Caso Rousseff muestra mal momento de la izquierda en América Latina

Bogotá, 1 Sep (Notimex).- La destitución de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, confirma el mal momento de la izquierda en América Latina, aseguró hoy el periódico colombiano El Tiempo.

Para el diario, el caso Rousseff fue el cierre del capítulo de 13 años del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, que prometió una revolución pacífica en ese país sudamericano, liderado por Luiz Inacio Lula da Silva.

“Fueron 61 votos a favor y 20 en contra (en el Senado brasileño) los que sellaron la suerte de la mandataria, quien hasta último momento proclamó su inocencia y pidió que, si era destituida, se convocara a nuevas elecciones”, indicó.

“Sin embargo, la defensa sucumbió ante la aplanadora montada hace meses por el partido de quien fuera su ‘vice’ y hoy presidente en propiedad, Michel Temer”, señaló el rotativo colombiano.

La historia dirá “que Dilma cayó por maquillar cuentas públicas para conseguir recursos, una maniobra ilegal y considerada menor, de amplio uso entre los gobiernos precedentes. No obstante, a ella se la cobraron como un pecado capital, en medio de un enorme escándalo de corrupción que involucró a la estatal Petrobras”.

En Brasil la historia también “debería señalar que el 53 por ciento de los 81 senadores que la juzgaron están salpicados por investigaciones judiciales y periodísticas”.

El gran pecado de “Dilma fue apoyar las investigaciones de los jueces anticorrupción sin retirarle el apoyo a Lula, cada vez más enredado por revelaciones, pruebas y testimonios”.

“Lo ocurrido confirma el mal momento de la izquierda latinoamericana, algunos de cuyos principales representantes atraviesan horas muy oscuras: el impresentable y cada vez más totalitario (presidente) Nicolás Maduro en Venezuela, o el (mandatario) ecuatoriano Rafael Correa, acorralado por el desplome de los precios del petróleo”, opinó.

Lo anterior se suma a los procesos “contra (la expresidenta) Cristina Fernández de Kirchner, en Argentina, en cuya administración se cometieron todo tipo de excesos”, según El Tiempo.

Y de vuelta a Brasil, “el reto es cerrar las heridas y limpiar las costumbres políticas. Nada de eso será fácil tras un proceso que, más que unir, dividió”, subrayó.