“Calcuta está en todos lados”, la herencia de la Madre Teresa

Por Andrés Beltramo Álvarez. Corresponsal

Ciudad del Vaticano, 3 Sep (Notimex).- La Madre Teresa, quien era un ícono mundial de misericordia, afirmaba que todos los hombres “mendigan” amor y perdón, por ello solía decir también que “Calcuta está en todos lados”, porque la peor pobreza es la del corazón.

En eso coincidieron dos personas que la conocieron muy bien: la actual superiora de la congregación por ella fundada, las Misioneras de la Caridad, sor Mary Prema Pierick, y el postulador de su causa de canonización, el sacerdote Brian Kolodiejchuk.

“La conocí en 1980, cuando ella ya tenía 70 años y me impresionó la energía y el liderazgo que inspiraba en todas nosotras”, indicó sor Prema en un encuentro con periodistas, a pocas horas de la canonización de la Madre Teresa.

“Ella guiaba a las hermanas, que muchas veces no conocían el idioma, los usos y costumbres de los países donde iban, pero sabían que su misión era la caridad y la misericordia”, recordó.

“Ella fue la que me inspiró, me regaló el rosario que ha sido mi compañero de vida. Ella fue una madre, pero también una maestra, vivía la vida religiosa como gozo”, agregó la religiosa.

La mañana de este domingo el Papa Francisco celebrará en la Plaza de San Pedro una misa multitudinaria, durante la cual elevará al honor de los altares a Gonxha Agnes Bojaxhiu, nombre de la Madre Teresa antes de hacerse religiosa.

Su reconocimiento como santa llega exactamente 19 años después de su muerte, el 5 de septiembre de 1997 en Calcuta, la ciudad de la India que ella eligió como patria de adopción.

Nacida en Skopie, Macedonia, el 26 de agosto de 1910, fue la quinta y última hija de un matrimonio albanés.

En 1928, ingresó a la Congregación de las Hermanas de Loreto en Irlanda y un año después llegó a la India, donde tomó los primeros votos en 1931 y los votos perpetuos en 1937.

El 10 de septiembre de 1946, decidió renunciar a todo y servir a Dios en los más pobres entre los pobres, casi dos años más tarde obtuvo el permiso eclesiástico para iniciar una labor de asistencia en las periferias de Calcuta.

En 1950, erigió formalmente las Misioneras de la Caridad, la primera institución de una amplia familia religiosa que actualmente incluye a los Hermanos Misioneros de la Caridad, fundados en 1963; las Hermanas Contemplativas (1976), los Hermanos Contemplativos (1979) y los Padres Misioneros de la Caridad (1984).

En 1979, la Madre Teresa fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz, pero la lista de sus reconocimientos es amplia.

Entre los premios que recibió destacan: el galardón “Padma Shri” (1962), el “Jawaharlal Nehru para el Entendimiento Internacional” (1969), el Premio Templeton (1973) y la Orden de Honor de Albania (1994).

A su muerte, la congregación contaba con tres mil 842 religiosas trabajando en 594 casas en 120 naciones del mundo. El domingo 19 de octubre de 2003 fue reconocida como beata por el Papa Juan Pablo II, con quien mantuvo una larga amistad.

No obstante su creciente popularidad, que la llevó varias veces a ser elegida entre las mujeres más importantes del siglo XX, nunca perdió su característica humildad y sencillez.

“Ella compartía el mismo dormitorio con nosotras, fue muy humilde, aceptó siempre todo, incluso lo que no era fácil de aceptar. A cada fracaso nuestro ella nos animaba a continuar”, contó sor Prema.

“Cada día a las cinco de la mañana era la primera en llegar a la capilla, tras la oración y la misa estaba lista para ayudar a todos. Dedicaba tiempo a dar instrucciones, a dar indicaciones a las hermanas, vivir de modo práctico esta vida de abandono total en el Señor”, agregó.

Para la superiora, el ejemplo de la Madre Teresa provocó un cambio de mentalidad en muchas personas porque ella invitaba a ser consciente de la propia responsabilidad ante los pobres, a estar cerca especialmente de las personas moribundas.

Para Brian Kolodiejchuck, superior general de los Padres Misioneros de la Caridad, la Madre Teresa nunca resaltaba las debilidades de los demás, llamaba siempre a perdonar y olvidar.

“No existe un perdón completo hasta que no se olvida. Decimos muchas veces que perdonamos, pero hasta que no olvidamos auténticamente no perdonamos de verdad”, sostuvo.

Reveló que la Madre Teresa vivió muchos años un “desierto interior”, pero en 1943 hizo un voto personal para no rechazar jamás “a la oscuridad y las tinieblas”. Por eso llegó a amar esa oscuridad como parte del sufrimiento de Jesús en la tierra, consideró.

“Es una santa para todos, para los ricos y los pobres de nuestro tiempo, nos demuestra que el mal puede ser perdonado, que en mundo tan devastado por el mal está presente la mano misericordiosa de Dios. Que la oscuridad y las tinieblas pueden ser superadas”, apuntó.

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