Barrio de Triana, belleza y tranquilidad a orillas de Río Guadalquivir

* Desde el Puente de Triana se observa la majestuosidad de la Torre del Oro, la Giralda y los tejados de Sevilla

Por Claudia Pacheco Ocampo. Enviada

Sevilla, 26 Sep (Notimex).- A orillas del Río Guadalquivir, se encuentra el barrio de Triana, uno de los lugares que por su singular belleza, historia y mezcla de culturas, es preciso visitar cuando se viene a Sevilla.

Es cuna de famosos cantaores y bailaores de flamenco; toreros, artistas y marineros. En sus calles se respira tranquilidad, calidez y seguridad que se combinan con el trato amable de su gente.

Algunos historiadores afirman que su nombre proviene de la unión del término romano “Tri” (tres) y del celtíbero “Ana” (río), los tres ríos en los que se dividía el Guadalquivir en esa zona, pero otros creen que se trata de una evolución del nombre del emperador Trajano.

Para llegar ahí desde el Parlamento de Andalucía y la antigua muralla que rodea el centro histórico de Sevilla, es necesario caminar durante unos 20 minutos sobre la calle Resolana, después virar a la calle Torneo hasta el Puente de la Barqueta y bajar hacia la calle Rey Juan Carlos I.

En ese sitio se ve de frente el Río Guadalquivir y ahí comienza la travesía de aproximadamente 90 minutos para llegar al barrio de Triana. Lo mejor es caminar entre las 17:00 y las 19:00 horas si lo que se quiere es admirar el paisaje. Más temprano, el clima será un impedimento, pues la temperatura llega a elevarse hasta los 45 grados.

El trayecto es todo un espectáculo, pues durante unos cuatro kilómetros, el turista comparte camino con corredores y ciclistas que se ejercitan a diario en perfecta armonía con la naturaleza. También hay quienes practican el tenis o el frontón frente a las altas paredes de un parque que lucen imágenes en grafiti.

Ante el esplendor de la puesta del Sol, las aguas del Río Guadalquivir son escenarios de prácticas y competiciones deportivas que le dan vida y adrenalina durante todo el año mediante el acuatlón, kayak polo o wakeboard.

Los deportistas acuden al Club Remo Ciudad Sevilla para rentar su bote o usar el propio y así emprender la aventura hacia la inmensidad del torrente, que es el quinto más largo de la Península Ibérica y el segundo más largo en España.

Su longitud es de 657 kilómetros, se inicia en la Cañada de las Fuentes (pueblo de Quesada) en el Cazorla Sierra (Jaén), pasa a través de Córdoba, Sevilla y termina en el pueblo pesquero de Bonanza, en Sanlúcar de Barrameda que desemboca en el Golfo de Cádiz, en el Océano Atlántico.

Es el único gran navegable río en España y en la actualidad lo es hasta Sevilla.

Para admirarlo en su cauce, cada 30 minutos, hasta las 22:00 horas, en Verano, y hasta las 19:00 horas en Invierno, durante todo el año, se ofrecen paseos en crucero. Parten desde el muelle en la Torre del Oro y concluyen en el Paseo Alcalde Marqués del Contadero.

Más tarde, pasando la Pasarela de La Cartuja y el Puente del Cachorro, es común toparse con jóvenes preparatorianos y universitarios que conviven en los jardines, con música y bebidas, tras un ajetreado día de clases.

Unos pasos más, y se llega al Puente de Isabel II, mejor conocido como el Puente de Triana. Es la plataforma de hierro más antigua de España. Fue diseñada por Gustavo Steinacher, Ferdinand Bernadet y Canuto Corroza sustituyendo en 1852 al viejo Puente de Barcas compuesto de madera.

Desde lo alto se admira la belleza del río, la Torre del Oro, la Giralda, los tejados de Sevilla y el barrio de Triana al que se puede llegar a través de la calle San Jacinto, pasando los restos del Castillo de San Jorge, el Callejón de la Inquisición, la Plaza del Altozano y el Mercado de Triana, donde se degustan los platillos típicos de la región, como la tapas y el pescao frito.

A la entrada se halla la Capillita del Carmen, que se hizo en honor a la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, ya que Triana fue la puerta de entrada de los mercantes y navíos de la Armada española en la Conquista y Colonización de América.

Ya en la calle San Jacinto, es obligatorio degustar las tradicionales tapas en sus restaurantes, terrazas, bares y tablaos flamencos, pues dicen que quien no come en Triana, no estuvo en Sevilla.

Estando ahí, la noche atrapa al visitante a través de su clima templado, sus cantantes callejeros y sus bailaores que a cambio de centavos de euros amenizan el momento, mientras se deleita una cerveza casera o una copa de vino tinto.

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