¿Por qué la sal es tan adictiva?

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¿Eres de los que ni siquiera han probado la comida y ya le agregaron sal? Pues no eres el único, el cloruro sódico, nombre técnico de este condimento, es adictivo para más personas de las que imaginas. De acuerdo con un estudio llevado a cabo hace unos años por Alan Kim Johnson, de la Universidad de Iowa, esto se debe a que la sal produce un efecto en el cerebro que resulta placentero y gratificante.

El investigador llegó a esta conclusión cuando eliminó el condimento en la dieta de las ratas que examinaba. De esta forma descubrió, que cuando hacia esto, los roedores evitaban realizar actividades que antes les divertían, como beber un refresco o presionar un botón para recibir descargas placenteras en su cerebro. Es decir, las cosas que hasta aquel momento les producían placer, habían dejado de ser gratificantes para ellas. Algo parecido a lo que le ocurre a las personas con depresión.

De acuerdo con el investigador este rasgo que compartimos con los roedores puede tener su origen en que los humanos evolucionamos a partir de criaturas que vivían en el agua salobre de los océanos. Y que, una vez instalados en tierra firme, seguían necesitando sodio y cloro, los dos componentes de la sal de mesa, indispensables para que nuestras células funcionen correctamente y para que las neuronas se comuniquen.

“La biología nos equipó con un sentido del gusto capaz de detectar dónde hay cloruro sódico, y con un cerebro que nos recompensa con descargas de placer cuando lo consumimos. Por eso, volvemos una y otra vez a él”, explica Johnson.

Sin embargo, esto no debe ser un aliciente para consumir sal en exceso. La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja no sobrepasar los dos gramos de sodio –el elemento más nocivo– al día, que es lo que corresponde a cinco gramos de sal. Pero a nivel mundial se consume, por término medio, el doble.

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