Las mujeres optimistas viven más (y mejor)

El síndrome del corazón roto, por ejemplo, presenta síntomas similares a los de un ataque cardíaco. Y es que es más estrés que desilusión, cuestión de actitud

Comprobado científicamente, mantener una actitud positiva ante la vida reduce el riesgo de mortalidad por cáncer, accidente cardiovascular y otras afecciones. Las mujeres optimistas viven (mucho) más.

El síndrome del corazón roto, por ejemplo, presenta síntomas similares a los de un ataque cardíaco. Y es que es más estrés que desilusión, cuestión de actitud.

Y es que un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Harvard muestra que las mujeres optimistas tienen un menor riesgo de mortalidad prematura por numerosas enfermedades muy graves.

El trabajo publicado en la revista American Journal of Epidemiology confirma que las mujeres más optimistas mostraron casi un 30 por ciento menos de probabilidades de morir por alguna de las causas analizadas: cáncer, infartos, infecciones, problemas respiratorios y enfermedades cardiovasculares.

Aunque otros trabajos relacionan el optimismo con una mayor esperanza de vida y una mejor salud cardiovascular, se trata del primero que analiza la relación con otras causas muy comunes de mortalidad.

Es un hecho, el optimismo es bueno para el corazón, literal y metafóricamente. Este trabajo se une a otras evidencias científicas que muestran que trabajar en la mejora de la resistencia psicológica ante las adversidades puede ser una medida efectiva y seguramente más barata que otras para luchar contra ellas.

De hecho, las mujeres más optimistas tuvieron una probabilidad hasta un 52 por ciento menor de de fallecer por una enfermedad infecciosa. Una disminución del riesgo de mortalidad que, además, se estableció en un 39 por ciento en el caso del ictus (lesión en el cerebro ocasionada por la interrupción de la irrigación sanguínea); en un 38 por ciento en el caso de las cardiopatías o de las enfermedades respiratorias; y en el 16 por ciento en el caso del cáncer.

En definitiva, asumir una visión más positiva de la vida y esperar que las cosas acabarán saliendo bien parece ayudar a las mujeres a vivir más (y mejor).