La complicada vida de una mujer que es alérgica al frío y al agua

Alergia al frió.

Beatriz Sánchez es una joven española de 30 años que padece urticaria a frigore, una condición dermatológica que representa el 3% de las urticarias crónicas y que se conoce más comúnmente como alergia al frió. Las personas que padecen este trastorno desarrollan ronchas o habones en la superficie de la piel, cuando entra en contacto con el frío, que generan irritación y picor.

“No podía sentarme en el inodoro en ropa interior o apoyarme en una pared porque podía estar más fría. Tampoco ir a comer a un restaurante en verano porque casi siempre encienden el aire acondicionado. Y mucho menos tomar un helado o bebidas frías”.

Contrario a lo que uno pueda imaginarse, para que se produzca esta clase de urticaria no hace falta que sea invierno ni que la piel experimente temperaturas extremas. Para Beatriz, precisamente, el verano se transformó en una pesadilla, “Pensé que iba a estar mejor pero fue todo lo contrario. En la playa, con solo andar por la orilla del mar, me salpicaba el agua y ya se me ponía la piel mal. Un día me metí al agua un minuto y enseguida me salió una reacción en todo el cuerpo que tardó tres horas en desaparecer”.

La urticaria a frigore afecta mayormente a adultos jóvenes. No tiene cura pero puede tratarse. Afortunadamente, no es una enfermedad que dure toda la vida, suele remitir por sí misma al cabo de unos años. A los pacientes que manifiestan síntomas con temperaturas relativamente altas, como por ejemplo desde los 20ºC, se les administra un tratamiento preventivo con antihistamínicos, en dosis dos o tres veces más altas de las que se usan normalmente.

Desde que comenzó a tomar los antihistamínicos, Beatriz reconoce que está mucho mejor, sin embargo, tiene que tomar precauciones. “Siempre tengo que llevar una inyección encima, porque te puedes marear y se te pueden cerrar las vías respiratorias por liberar tanta histamina, y eso te puede provocar ahogamiento”

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